Capítulo 1. ¿Qué es Teosofía?   Capítulo 2. Dios y el Sistema Solar  
Capítulo 3. La constitución del Hombre   Capítulo 4. Nuestro cuerpo físico  
Capítulo 5. La reencarnación   Capítulo 6. El Karma  
Capítulo 7. La vida después de la muerte   Capítulo 8. El poder del pensamiento  
Capítulo 9. La evolución de la Vida Capítulo 10. La Fraternidad
Capítulo 11. Los Maestros

Capítulo 12. El Sendero


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Capítulo XII

 

El sendero

 

 

Según los libros orientales hay cuatro medios para acceder al Sendero:

1.-Sat-sang.- la compañía de otros que ya entraron en el Sendero. La influencia ejercida por uno que ya se encuentre en el Sendero de ninguna manera se limita a la enseñanza que da. Es la influencia de la vida, Son las influencias de las vibraciones que irradian de él, lo que es tan poderoso, y la circunstancia principal es que el discípulo esté con el maestro. En la India cuando el instructor es un filósofo peripatético, (como tantos la son) si él va de un lugar a otro, su grupo de seguidores o discípulos lo acompañan así como los discípulos de Jesús viajaban con él por Palestina, y esto es algo estrictamente científico. El aura del instructor (generalmente sus vehículos superiores) está pulsando a un tipo superior de vibración, algo superior al de las auras de sus discípulos. Por consiguiente, su sola proximidad actúa sobre los vehículos de otros y los ayuda a vibrar a un tipo similar al suyo propio. y así, viviendo constantemente en el aura de un hombre menos mundano, los discípulos llegan de esa manera a ser menos mundanos. Siendo enteramente continua la presión de la alta vibración, los discípulos, ya fuere en estado de vigilia o de sueño, se hallan en íntimo contacto con ella y están absorbiéndola con el consiguiente cambio en su carácter. Sabemos que es ley de física que la vibración más fuerte domine a la más débil, y el caso es igual en los planos superiores. Por eso se ha reconocido siempre que la presencia actual del instructor cuenta enormemente más que las palabras que pudiera decir y ayuda rápidamente al discípulo a modificar su carácter, lo cual es ordinariamente un asunto lento y tedioso; sin embargo, indispensable para uno que deseare entrar en el Sendero.

2.-Shrávana.- Escuchar o leer alguna enseñanza definida acerca de la filosofía oculta. Puede acaecer que un hombre escuche o lea una enseñanza de esta clase que suscite sus intuiciones, y entonces él naturalmente tratará de satisfacer su deseo de saber algo más sobre el particular. Esto es un resultado de karma previo, esto es, de karma creado en una vida anterior en la cual ya se había puesto en contacto con la verdad y se reconoce como verdadera. Habrá cientos y miles que pueden oír o leer la misma enseñanza y sin embargo no recibir ningún impulso por ello, lo cual sencillamente significa que éstos se encuentran en una etapa en la cual todo es ajeno a ellos y por consiguiente no se les despierta la respuesta suscitada en quienes ya han tenido el buen karma de haberla comprendido antes por lo cual se hallan capacitados para ver en la enseñanza aquello que han traído consigo el poder de mirar.

3.-Manana.- Reflexión iluminada. Por la pura fuerza de un hondo pensar y un lógico razonar, puede un hombre llegar a la verdad y resolver el enigma de la vida. Puede llegar a comprender que debe existir un Plan de Evolución, que deben existir Quienes conozcan todo acerca de él, o sean, los Hombres evolucionados y perfectos, y que debe haber un Sendero por el cual se podrá llegar hasta Ellos. Y por supuesto, el hombre que llega a esta decisión se pone en busca del Sendero y encuentra su camino hacia los Grandes Seres. Los que van por este Sendero son probablemente pocos, pero tal cosa es posible.

4.-Nididhyásana.- Práctica de la virtud mediante la "meditación". Debe recordarse que, aunque la práctica de la virtud lleve al comienzo del Sendero, de ninguna manera es el fin del mismo como podría creerlo el cristiano ordinario. En los primeros días del Cristianismo, la Purificación (o sea la "Santidad" que es lo que persiguen como su meta) era solamente el primer paso. Las primitivas enseñanzas cristianas sostenían ciertamente que era deber del hombre llegar a ser santo; pero al mismo tiempo agregaban que esto era la primera etapa solamente, y San Clemente de Alejandría, que en muchos respectos fue el más grande de los primeros Padres de la Iglesia, habla algo despectivamente de aquella etapa: "Porque la pureza es sólo un estado negativo, y es valiosa, principalmente, como una condición de íntima perspicacia".- La ventaja principal de ser puro es que un hombre, a menos de serlo, no puede ver claramente. La cosa en sí es, pues, meramente negativa. Ser bueno es en sí solamente una condición necesaria para progreso ulterior. Un hombre debe llegar a ser santo, pero, después de serlo, ha de principiar a alcanzar la segunda etapa o sea la de Iluminación. He aquí lo que San Pedro significaba al decir a sus discípulos. " Agregad a vuestra fe el conocimiento". Tan sólo a quienes habían ganado plenamente aquella iluminación mediante ardua labor, se les permitía pasar a la tercera etapa de Iniciación. San Pablo dijo: "Hablamos de sabiduría entre aquellos que son perfectos" y la palabra "perfecto" implica aquí cierto nivel de progreso oculto. En toda Escuela Oculta hay cosas que solamente pueden ser trasmitidas a quienes pertenecen a grados superiores y otras que solamente pueden revelarse a quienes son discípulos del Maestro. y así, en el primitivo Cristianismo se usaban estos tres términos: Purificación, Iluminación y Perfección.
Ahora bien, la afirmación de que la práctica de la virtud lleva a un hombre a la entrada del Sendero, parece como un retroceso a la antigua teoría "Sed buenos y seréis felices". Pero en realidad significa que, si bien el hombre que lleva una vida buena a través de muchas encarnaciones no puede por ello desarrollar el intelecto, él adquirirá prontamente la suficiente intuición para ir a la presencia de los hombres que saben, para llegar de hecho a los pies de alguien que sea servidor de los Maestros. Pero este método requiere miles de años y muchas vidas. El hombre que practica la virtud sin hacer algo más, llegará al portal del Sendero alguna vez, pero este proceso es lento. Puede apresurar su desarrollo y ahorrarse mucho tiempo siguiendo el consejo de San Pedro y adquiriendo conocimiento; pues entonces su progreso será mucho más rápido.
Cuando por alguno de estos métodos alcanza un hombre cierto nivel, inevitablemente atrae la atención de los Maestros y se pone en contacto con Ellos, generalmente mediante uno u otro de Sus discípulos adelantados.
 

El primer paso

El primer paso, sin el cual ningún acercamiento al Sendero es posible, es el Servicio al Género Humano.- "Vivir para el beneficio de la humanidad es el primer paso", dice La Voz del Silencio". La Vida del hombre que se aproxima al Sendero se caracteriza por el inegoísta servicio a los demás, por su voluntad para sacrificarlo todo por el bien de otros, por su prontitud a abandonar todo lo que el mundo considera como valioso, en devoción a una causa o a un ideal que el crea que personifica lo Recto. Esta es la marca del hombre que se está acercando al Sendero. Tal hombre, desarrollándose a sí por medio del servicio a los demás, realiza la verdad de las palabras que pronunciara el Cristo Mismo; "Puesto que habéis hecho esto por el más pequeño de Mis hermanos, lo habéis hecho por Mí".

No hay distinción entre las varias clases de servicio con tal de que éste sea inegoísta y tenaz. Podrá ser puramente intelectual como la obra del autor o del escritor que trata de esparcir entre los demás los conocimientos que él adquirió; o podrá ser a lo largo de las líneas del Arte, cuando el músico, el escultor, el pintor, persiguen el ideal de hacer al mundo un poco más bello, un poco más lleno de gracia; o podrá ser en pro del mejoramiento social cuando un hombre, movido de simpatía hacia el pobre, vierte su vida entera en la labor de ayuda al necesitado, o trata de modificar los antiguos sistemas
sociales, o ambiente, o costumbres que retardan el progreso de la humanidad; o bien la labor puede llevarse a lo largo de líneas políticas, con la vida de la Nación como objeto del servicio; o por último, a de largo de actividades curativas. Podrá elegirse cualquier labor útil de acuerdo Con la capacidad: comercio, industria, profesión, arte, etc., todo cae dentro del servicio.

Todos estamos ocupados de una u otra de estas actividades, la diferencia estriba en el motivo con el cual se emprende la obra. Ciertamente, los hombres son escritores o autores, políticos, reformadores sociales, doctores, artistas; toman parte en la industria y en el comercio, pero, ¿movidos por qué motivo? Los hombres ordinarios son movidos por el incentivo del éxito personal, no del servicio; no por el de "aligerar un poquito el pesado karma del mundo", ni por elevar en algo la condición del mundo, aunque al propio tiempo obtengan de tal trabajo su subsistencia. Por supuesto, en una etapa inferior, es necesario trabajar por el fruto de la acción; pero el ideal de servicio, ayudar al débil, enseñar al ignorante; levantar al oprimido; aquel servicio inegoísta que da todo sin pedir nada en cambio; no una elección sino un impulso incontrastable; todo esto constituye el primer paso hacia el Sendero.

  El segundo paso

El estar poseído por una idea al grado de que ningún argumento, ninguna ventaja personal, pueda apartar de ella al hombre, es lo que marca el segundo paso. La idea fija podrá ser la de un maniático, pero esa es una falsa idea. Si la idea fuere una verdad, si tiende al servicio del hombre, quien se hallare poseído por una idea semejante, como un entusiasta, un héroe, un mártir, está ya cerca de la entrada del Sendero. Cuando un hombre está convencido de que una cosa es cierta, le es más fácil morir mártir como Giordano Bruno, que renegar de aquella verdad. Se juzga mejor a un hombre por sus motivos para una buena acción que por la buena acción misma en sí. La corona de laurel del heroísmo no es únicamente para las sienes del vencedor y del fuerte; también de es para aquellos héroes que aspiraron al triunfo y lucharon por él si bien perecieron en la demanda. Los esfuerzos por realizar un ideal noble y elevado transforman la vida en lo Grande y en lo Heroico. Y así, seguros de que nuestra acción es tan sabia como nos sea posible, debemos darnos por completo al servicio, sin retener nada para nos. otros, ayudando cada vez que se presentare oportunidad de trabajar, dedicándose enteramente a un gran ideal y persiguiéndolo tanto en tiempos de tempestad cuanto en los de calma.

Requisitos para el discípulo a prueba.

Los Maestros se han dedicado definitivamente al servicio de la humanidad. Su fuerza, no obstante ser muy grande, es aun limitada y, por lo mismo, son Ellos muy cuidadosos para usarla con el mejor provecho posible. Un Maestro podrá tomar como discípulo a un hombre tan sólo cuando vea que la cantidad de fuerza empleada en su entrenamiento producirá al fin mayor resultado que cualquiera otro método de emplear la misma suma de fuerza. Ninguna persona, por más benevolente, bondadosa y ferviente que sea en su deseo de ayudar a otros, podrá ser aceptada como discípulo si aún se encuentra llena de imperfecciones menores, o adolece de algunas debilidades que pueden constituir un serio obstáculo en su senda. Si un individuo ha de recibir ayuda especial, precisa que demuestre receptividad especial, pues un Maestro no tiene favoritos. Tiene El sus afectos privados, como todos los tenemos, y sin duda alguna El ama a algunos seres más que a otros; pero El jamás permitirá que semejantes sentimientos influencien Su actitud en el menor grado cuando se trata de la obra. Se tomará muchas molestias con algún hombre si mira en él las semillas de futura grandeza, si creyere que vale la pena gastar en él cierta cantidad de tiempo y de fuerza. No hay posibilidad del menor pensamiento de favoritismo en Su mente. El considera única y sencillamente la labor que ha de llevarse a cabo, la obra de la evolución y el valer del hombre en relación con ella.

Solamente el servicio desinteresado o una empresa inegoísta sin pensamiento del "yo", un carácter amable, altruista, presto a la ayuda, son cosas que llaman la atención del Maestro y El se vuelve hacia el posible discípulo, poniendo oportunidades en su senda para probar su fuerza y para que eduzca él su intuición. Llegar a ser discípulo de un Maestro significa, por tanto, que el aspirante también debe poseer la misma perspectiva hacia la vida que el Maestro; que debe olvidarse de sí absolutamente y no tener deseo personal alguno; que deba hallarse dispuesto a sacrificar toda cosa ya sí mismo en primer lugar; que deba ordenar toda su vida de acuerdo con la labor que tiene que efectuar; y que deba abandonarlo todo y seguirlo. Según el Cristo: "Aquel que pierda su vida, la encontrará." en tanto que el Señor Buddha dice: "Mata la sed de vida si deseas el Sendero".

El discípulo es utilizado por el Maestro en mil diferentes maneras. Algunos tienen que hacer el trabajo astral de ayudar a los vivientes ya los recién muertos; otros han de ayudar al Maestro personalmente en la labor que deba efectuarse; otros son enviados astralmente a sustentar conferencias ante auditorios de almas menos adelantadas, o a enseñar a otros que se hallaren libres en el mundo astral bien fuere temporalmente, por estar sus cuerpos dormidos, o permanentemente, por haber muerto sus cuerpos. Los recién fallecidos han de ser tranquilizados y confortados, libertándolos, cuando fuere posible, del temor terrible pero irrazonable que a menudo suele sobrecogerles y que retarda su progreso hacia. las esferas superiores además de ocasionarles sufrimiento innecesario; se les habrá de explicar, hasta donde sea posible, la condición en que se encuentran y el curso de acción que para ellos es más conveniente seguir. También se les habrá de capacitar, hasta donde lo permita su propia capacidad, a comprender el futuro que se abre ante ellos. Todo protector astral tiene a su cargo un regular número de "casos". La mayor parte del entrenamiento que se da a un discípulo acerca del trabajo astral le es suministrado por alguno de los más antiguos discípulos, si bien a veces el Maestro Mismo le da algunas instrucciones especiales.

Los discípulos son también empleados por los Poderes del Bien como Agentes para responder a las oraciones, y como canales para que se vierta Su energía. Además se les entrena para trabajar por sugestión, esto es, simplemente para instilar buenos pensamientos en las mentes de quienes se hallan prestos a recibirlos; y para sugerir pensamientos hermosos y bellos a los autores, poetas, artistas y músicos.
Sin estas influencias. la Humanidad sería de veras pobre, aunque por la mayor parte sabe muy poco acerca de la fuente de su verdadera riqueza. Los Adeptos Mismos no pueden apartarse de Su exaltada labor para ocuparse de estas tareas inferiores y más fáciles, porque, si lo hicieren, sufriría toda la maquinaria de la evolución.
Y así, los discípulos llevan a cabo una gran variedad de trabajo en cada ramo de la civilización y de la cultura humana, siendo todos parte de la labor de los Adeptos para el mundo; y, siendo también aprendices, como ya se dijo, en su inferior nivel sirven como canales de influencia y como transmisores de la fuerza de los Maestros al mundo en general.

La Disciplina de Vida es una rígida disciplina que uno mismo se impone para lograr la purificación, - purificación de todos los vehículos temporales, del cuerpo físico y de la naturaleza inferior, de las emociones y de la mente. Deben desecharse las bebidas alcohólicas de toda clase porque la práctica que conduce a la búsqueda del Maestro requiere la meditación, concentrada y definida, tendiente a estimular y desarrollar ciertos órganos físicos en el cerebro; y los vapores alcohólicos así como las drogas narcóticas producen efectos venenosos sobre estos órganos.

Además habrá que renunciar a alimentos de carne de todas las clases pues ellos hacen al cuerpo muy tosco según se explicó en el Capítulo I. Haciendo a un lado las consideraciones de crueldad y de compasión, un estudiante de Yoga requiere un cuerpo fuerte y resistente, y a la vez sensitivo y responsivo a las vibraciones de los mundos sutiles de materia y de vida.

Después deberá el aspirante purificar el cuerpo astral y adquirir el dominio de sí, entrenando su naturaleza inferior hasta que llegue a estar absolutamente sujeta a la voluntad. Deberá eliminar de su naturaleza todo toque del yo personal y purgarla de todo aquello que la incita a separarse de quienes se encuentran abajo o bien de Aquellos
que se encuentran arriba, para destruir así todo muro de separatividad.
Pero al estar sacudiendo de sí todo lo que sea personal, deberá retener la esencia de todas las numerosas cualidades que ha adquirido como resultado de su incesante ascender por la Escala de la Vida.

Para la mejor comprensión de la purificación de la naturaleza inferior pueden ser de utilidad algunas ilustraciones. Consideremos primero la potente fuerza que se desarrolla en las etapas inferiores del crecimiento de cada ser humano y la cual ahora requiere ser purificada, - la fuerza de la cólera o la ira. La vemos en el hombre no desarrollado bajo la forma brutal de pasión, arrollando todo lo que se opone a la satisfacción de su voluntad. A fin de reducir al orden aquella pasión de la cólera, el hombre se libera primeramente del elemento personal por el perdón de las injurias como uno de sus deberes, devolviendo amor por odio, sobrepasando el mal por el bien. Queda luego una cólera impersonal; ve un pobre hombre oprimido o un animal maltratado y se siente indignado contra el opresor. Esa cólera impersonal, noble indignación, más noble que la estólida indiferencia, tiene que ser transmutada en la cualidad de hacer justicia tanto al débil cuanto al fuerte, sintiendo compasión por el malhechor lo mismo que por el dañado, puesto que aquel se perjudica a sí mismo más que el maltratado, porque almacena mal karma para el futuro, y por tanto requiere ayuda e instrucción. El hombre detiene la mala acción, porque es su deber hacerlo así, pero, reconociendo lo Divino aún en el corazón del malhechor, se muestra gentil con él; y así, transmutando la cólera, mediante una alquimia espiritual, en perfecta justicia, detiene el mal y auxilia tanto al tirano cuanto al esclavo, al opresor lo mismo que al oprimido.

De igual manera, el amor sensual que se manifestó primeramente en las formas, obsceno y vil, llega a ser más noble y menos egoísta, moralizado, refinado y purificado, para transmutarse, mediante la alquimia espiritual, en amor que al ir hacia otros trate de servirles en vez de servirse de ellos; trate de ver cuanto puede dar y no cuanto puede tomar; y así gradualmente deviene divino en su esencia.
Igualmente, la codicia, el interés egoísta y otras pasiones de la naturaleza inferior, pueden ser incineradas y purificadas por completo en la Disciplina de Vida. De ese modo se realiza el Yoga por el dominio de la mente, de las emociones y acciones, por un deliberado entrenamiento de la naturaleza inferior, por la persistente selección de materiales puros para la alimentación y por el cuidado y moderación en todas las actividades físicas.

Cuando decimos que un hombre se controla a sí mismo, lo que ordinariamente significamos es que su naturaleza intelectual o superior, con su mente y su voluntad, su poder de razonar y de juzgar, es más poderosa que su naturaleza inferior con sus pasiones y emociones. Aquel auto-control en el sentido ordinario de la palabra es verdaderamente una cualidad admirable, pero un candidato al discipulado necesita mucho más que eso, más que el control de la naturaleza inferior por la superior. Ya hemos estudiado el poder creador y la influencia del pensamiento, y hemos aprendido que para el entrenamiento sistemático de la mente se requiere un deliberado control del pensamiento, - pensar conscientemente y con un propósito tras el pensar, - rehusando dar entrada a fragmentos moldeados por los pensamientos de otros y concentrando el pensamiento en una idea por la práctica constante en la vida diaria.

Este control del pensamiento es condición necesaria para el discipulado, pues cuando un hombre llega a ser discípulo, sus pensamientos ganan poder adicional, vitalidad y energía acrecentadas. Por un pensamiento un hombre puede "matar" a otro, o sanar una enfermedad; por un pensamiento él puede influenciar a una turba o crear una ilusión visible; por tanto, antes de que estos tremendos poderes estén a su servicio, ha de aprender a controlar sus pensamientos, expurgarlos de todo mal y no dar cabida en ellos a nada que no fuere puro, benéfico y útil.

Otra importante calificación es la meditación, el entrenamiento deliberado y formal de la mente en la concentración y la fijeza de pensamiento. Es necesaria la práctica diaria de la meditación tanto devocional cuanto intelectual. El candidato, a la hora de su meditación matinal deberá aprender a concentrar su mente en el Ideal Divino, en el Maestro al cual espera encontrar al fin; y por lo que hace a la meditación intelectual, que se refiere a la construcción gradual y consciente del carácter, debería elegir como tema de su meditación alguna buena cualidad e incorporarla a su vida diaria por el proceso conjunto de la meditación y la práctica. Deberá meditar en la pureza, la verdad, la compasión, la intrepidez, el perdón, la castidad, etc., etc. tomando una virtud tras otra para tratar de modificar y ennoblecer su carácter poniéndolas en práctica mediante el lenguaje y las acciones en su vida diaria.

Todo aquel que medita en el Maestro establece una conexión definida con El, visible a la visión clarividente como una especie de línea de luz. El Maestro, siempre subconscientemente, siente el impacto de tal línea y envía en respuesta una firme corriente de magnetismo que continúa actuando largo tiempo después que la meditación termina.

Por eso es de suma ayuda para el aspirante la práctica regular de tal meditación y concentración; y uno de los más importantes factores para producir el resultado es la regularidad, debiendo hacerse diariamente ya la misma hora, perseverando en ella firmemente aunque no se vea que produce resultado inmediato. Cuando ningún resultado aparece, hay que cuidar especialmente de evitar la depresión porque ésta dificulta más la acción de la influencia del Maestro y porque demuestra que el aspirante está pensando más en sí mismo que en el Maestro.
En suma, las tres principales cualidades para el Sendero Probatorio o para ser un discípulo a prueba, son el control del pensamiento, la meditación diaria y el noble carácter; pero hay una cualidad que debe hallarse tras de todas, y es la férvida sinceridad, la formalidad de quien ha reconocido su objeto y va derechamente a él.
 


   Objeto de la etapa de prueba

Cuando, por la práctica del Yoga, un aspirante ha purificado todos sus vehículos, y por labor desinteresada en pro de la humanidad, por la devoción, la piedad, la pureza y auto-sacrificio, así como por el control de su pensamiento, por la meditación y la nobleza de su carácter, ha luchado hasta ponerse en la cresta de la avanzante ola humana, demostrando la ausencia del "yo" en su naturaleza dedicada toda al servicio de la humanidad, entonces encuentra a su Maestro, o mejor, su Maestro su encuentra a él.

Pero antes de que pueda aceptarlo definitivamente como discípulo, toma El precauciones especiales para asegurarse de que tal persona está lo suficientemente adecuada para ser puesta en contacto íntimo con El; y éste es el objeto de la etapa llamada Probatoria. El Maestro sujeta al aspirante a la prueba del tiempo, pues muchos, arrebatados por el entusiasmo, aparecen de pronto como muy prometedores y ávidos de servir, pero desgraciadamente se cansan a poco y retroceden. Cuando a través de todas las luchas ha progresado el discípulo bajo la observación de aquella benévola mirada, a cierto punto de su progreso es invitado a comparecer, mediante un discípulo antiguo, ante la presencia física del Maestro, lo cual efectúa el discípulo, usualmente, en su cuerpo astral; y el Maestro se le revela y lo pone definidamente a prueba. Generalmente no hay ceremonias en conexión con esto; el Maestro dice unas cuantas palabras de consejo al nuevo discípulo, acerca de la que de él se espera, ya menudo, de manera afectuosa, encuentra El alguna razón para felicitarlo por la labor que ya efectuó.
Se pone a prueba a un discípulo en respuesta a una solicitud hecha por él a los Guardianes de la Humanidad para que le den oportunidades de un progreso más rápido que el normal para la humanidad ordinaria. Su karma individual tiene que ser reajustado al mismo tiempo, librándolo de aquellos tipos de karma que pudieren limitar su futura utilidad y dándole mayores oportunidades para un conocimiento más amplio y un servicio más efectivo.

Cuando un Maestro toma a un aspirante como discípulo a prueba, es con la esperanza de presentarlo para Iniciación en esa vida. Pero, de que el Maestro haya sencillamente respondido a su aspiración, no se sigue que el discípulo tendrá éxito; se le ha dado la oportunidad por haberla ganado él como derecho kármico; pero lo que él haga de tal oportunidad, depende exclusivamente de él mismo. Empero, lo más probable es que triunfe si toma el asunto a lo serio y trabaja intensamente en servicio del mundo.

   Obstáculos en la etapa de prueba.

La irascibilidad es un defecto común, pues los torturantes ruidos de nuestra actual civilización y la presión de tantos cuerpos astrales vibrando a tipos diferentes, hacen muy difícil evitar aquella, especialmente al discípulo cuyos cuerpos son mucho más altamente afinados y sensitivos que los del hombre ordinario. Por supuesto, esta irritación es algo superficial; sin embargo, puede producir un ligero sentimiento pasajero cuyos efectos duren por cuarenta y ocho horas.

Cuando se reconoce una falta como ésta, puede eliminarse eficazmente no enfocando en ella la atención, sino tratando de desarrollar la virtud opuesta según ya se explicó antes. Una manera de solucionar el punto es la de poner nuestro pensamiento firme y resueltamente contra tal defecto, pero sin duda que esta acción provoca a menudo la oposición del elemental mental o astral; por eso es mejor método el tratar de desarrollar consideración por otros, basada fundamentalmente, por supuesto, en nuestro amor hacia ellos. Una persona que esté llena de amor y consideración no se permitirá hablar ni pensar violentamente de nadie. Si el discípulo pudiere llenarse de esta idea, se alcanzaría aquel mismo resultado sin suscitar oposición de parte de los elementales.

Hay muchas otras formas de egoísmo que podrán demorar muy seriamente el progreso del discípulo. La pereza es una de ellas. Una persona, por ejemplo, que está disfrutando mucho con la lectura de un libro, no querrá dejarlo a fin de llegar puntualmente a una cita; otra escribirá con pésima letra sin importarle los inconvenientes y aún el peligro para los ojos y para el temperamento de quienes deban leer su caligrafía. Cosas como éstas tienden a hacernos menos sensitivos a las influencias elevadas; a hacer la vida discordante y fea para otras personas ya destruir el control de sí y la eficiencia. La puntualidad y la eficiencia son esenciales si hemos de producir un trabajo satisfactorio.

Muchas personas son ineficientes; cuando se les encarga un poco de trabajo no lo terminan completamente y se excusan de mil maneras; o cuando se les pide alguna información no saben dónde encontrarla. La gente difiere mucho en estos respectos, pues una persona, cuando se le pregunte algo contestará: "No sé"; en tanto que otra dirá: "Bien, no lo sé, pero voy a indagar", y regresa con la información deseada.

Así pues, en toda buena obra, el discípulo deberá pensar siempre en el beneficio que resultará para otros, y en la oportunidad de servir al Maestro en estos asuntos (los cuáles, aunque sean materialmente pequeños son de gran valer espiritual) y no pensar en el buen karma que le resulte; lo cual sería tan sólo otra y más sutil forma de centralización en sí mismo.

Algunos otros efectos sutiles, de igual clase, podrán verse en la depresión y en los celos, así como en la agresiva declaración de nuestros propios "derechos". Un Adepto dijo: "Pensad menos en vuestros derechos y más en vuestros deberes". - Puede haber algunas ocasiones, al tratar asuntos del mundo externo, en que el discípulo considere necesario requerir con gentil energía lo que necesite, pero entre sus condiscípulos no existe eso de "derechos", sino solamente oportunidades.

Si un hombre se siente contrariado comienza a disparar de sí sentimientos agresivos; podrá no llegar hasta el verdadero odio, pero está originando una incandescencia nebulosa y turbia en su cuerpo astral que también puede afectar al mental.
Iguales perturbaciones se establecen frecuentemente en el cuerpo mental y son igualmente desastrosas en sus resultados. Si un hombre se deja afectar demasiado por algún problema y le da vueltas una y otra vez en su mente sin llegar a ninguna conclusión, ha establecido con ello algo así como una tempestad en su cuerpo mental.

Hay algunas personas tan argumentadoras que discutirán acerca de todo y claramente se complacen tanto en este ejercicio que a veces ni se preocupan por el lado del problema
que están defendiendo. Una persona de esta clase tiene su cuerpo mental en estado de inflamación perpetua, y tal inflamación propende, bajo la más ligera provocación, a exhibirse, en cualquier momento, como abierta llaga. Para tales seres no hay esperanza de ninguna clase de progreso oculto hasta que restablezcan el equilibrio y el sentido común en la parte afectada.

Quienes se están aproximando a los Maestros deberán encontrarse enteramente libres de todo lo que sea borrascoso y áspero. También existe a veces la tendencia a una risa falsa, vacía de motivo, que produce muy mal efecto en el cuerpo astral, pues teje a su derredor un tejido de hilos de un gris oscuro muy desagradable a la visión y el cual forma una capa que impide la entrada de buenas influencias. No hay que permitir que nuestra alegría se tiña, por una parte, de tosca aspereza o rudeza, ni que degenere, por la otra, en locas risotadas.

Especialmente es necesario para el aspirante evitar todo afán turbulento y todo alboroto pues si cede a estos defectos establece a su derredor una aura de trémulas vibraciones por las cuales no podrá pasar ningún pensamiento o sentimiento sin torcerse.
Un clarividente que pudiera percibir los efectos de las varias emociones indeseables sobre los cuerpos superiores, no tendría dificultad para comprender cuán importante es que aquellas sean controladas.

Pero como la mayor parte de personas no pueden ver el resultado tienden a olvidarlo y se permiten este descuido. Si el discípulo que ha sido puesto a prueba pudiere ver, cuando está despierto en su cuerpo físico, las imágenes vivientes que hace el Maestro, comprendería mucho más plenamente la importancia de lo que al parecer son detalles
menores. Si él pudiese cultivar el hábito de tomar el recto punto de mira, de actuar por las rectas razones y de hallarse siempre bajo la recta actitud; y si pudiese trabajar infatigable y desinteresadamente bajo la guía de un discípulo del Maestro, que fuere de mayor antigüedad, aceleraría considerablemente su progreso y se acercaría más y más firmemente hacia el ideal de los Maestros.


  Trabajos en el sendero de probación.

La labor es enteramente moral y mental y el candidato ha de guiarse por sí mismo hasta el punto en que "encontrará a su Maestro cara a cara". - Descubre entonces que hay ciertas calificaciones establecidas para hollar el Sendero Probatorio, el "Sendero de Purificación" de la Iglesia Cristiana, y que él tiene que adquirirlas no por un vago deseo sino por la diaria meditación y práctica en su vida.

Hay cuatro cualidades que se exigen a un discípulo a prueba antes de que pueda llegar a ser discípulo aceptado; si bien, en esta etapa, no se le pide una perfecta ejecución. Estas cualidades se exponen detalladamente en el admirable librito "A los Pies del Maestro", que ha sido traducido a veintisiete idiomas y del cual se han hecho más de cincuenta ediciones de millares de ejemplares. Podemos dar un sencillo bosquejo con sus nombres técnicos en sánscrito (usados por los Hindúes) y en Páli (usados por los budistas) .

I.-Viveka. Discernimiento entre lo real y lo irreal, entre lo eterno y lo transitorio; también entre lo recto y lo errado, lo importante y lo no importante, lo útil y lo inútil, lo verdadero y lo falso, lo egoísta y lo altruista. Deberá el discípulo desarrollar una facultad de distinguir entre las cosas transitorias como la fama, el poder y la posición social, y las cosas perdurables como las cualidades mentales, morales y espirituales. Deberá aprender a percibir el Dios interno dentro de las pasiones y locuras exteriores, y, mirando lo Divino, lo mejor en cada hombre y en cada cosa, - no importa cuán malos él o ellas puedan aparecer a la superficie -, debe aprender a identificarse con aquello mejor a fin de ayudar. Esta cualidad se llama Manodváravajjana entre los budistas, o sea, "la apertura de las puertas de la mente".

II.- Vairágya. Carencia de deseos o de pasiones. Los deseos ordinarios, antojos pasajeros, agrados y desagrados, que tanto llenan la vida de un hombre, no deben ser matados sino trascendidos y transmutados en lo superior a fin de ser cambiados en el único deseo de estar en perfecto acuerdo con la Voluntad Divina. Por ejemplo, el amor humano, frágil y egoísta, puede llegar a ser trascendido en su aspecto animal por un amor altruista hacia toda la humanidad. A medida que el discípulo mira la irrealidad de las cosas a su derredor, los objetos mundanales pierden su poder de atracción; y de la indiferencia hacia esos objetos deriva la indiferencia por sus frutos que son también reconocidos como irreales e impermanentes. No debe él cesar en sus actividades; sin embargo, trabajando como los que son ambiciosos, debe él no serlo. Una prueba de la carencia de deseos es que pueda él ser capaz de contemplar sin asomo de tristeza que sus proyectos o empresas de muchos años se desmoronen reduciéndose a polvo. Toda contrariedad o tristeza procede del pensamiento del yo e implica deseo por el fruto de la acción. Por otra parte, mientras pueda hacerlo infeliz un deseo no satisfecho estará identificándose aún con sus deseos.

Debería él: "domeñar el deseo de brillar o de aparecer como muy hábil; no tener deseo de hablar" y "acostumbrarse a escuchar más bien que conversar", reprimiendo inflexiblemente "el deseo de mediar en los asuntos de los demás". y así, cuando realmente se experimenta Viveka, no meramente cuando se le menciona, cesa todo deseo por los objetos mundanos y "Vairágya" sigue tras "Viveka" como las ruedas siguen tras el caballo. Entre los budistas ésto se conoce como Parikamma, "preparación
para la acción"; indiferencia al fruto de la acción, adquirida por ejecutar lo recto sin considerar nuestra propia ganancia o pérdida.

III.-Shatsampatti. El séxtuple grupo de las cualidades o atributos mentales, las dotes de la mente, a veces llamadas "Recta Conducta", cualidades que son muy necesarias para el discípulo; llamadas "Upacháro" entre los budistas, o sea, "la atención a la conducta".

Estas cualidades se detallan así:

a) .-Shama, quietud, control del pensamiento. Muy a menudo es la mente la que controla al hombre y no el hombre quien controla a la mente. Deberá existir un dominio del temperamento con una mente calmada y valerosa, sin ansia ni depresión; y este auto-control por va que hace al intelecto, es absolutamente necesario, pues, a menos que
la mente se mueva tan sólo en obediencia a la guía de la voluntad, no podrá ser un perfecto instrumento para la labor del Maestro en de futuro. Esta cualidad implica mucho, pues comprende dentro de sí tanto el control propio cuanto la calma necesaria para el trabajo astral.

b) .-Dama, subyugación, control de la conducta, dominio de sí en la acción y en el lenguaje. Mucho mal se causa por la falta de juicio o benevolencia en las palabras, o por descuidada repetición; pero si el pensamiento es recto la conducta lo será también. "Antes de que la voz pueda hablar en la presencia de los Maestros deberá haber perdido el poder de herir". El discípulo deberá cumplir todos sus deberes ordinarios, ser constante y activo en la buena labor y "estar siempre dispuesto a ofrecer ayuda cuando se necesitare, pero jamás entrometerse".

c).-Uparati. Tolerancia, ausencia de fanatismo; una tolerancia noble y afectuosa para todos alrededor de sí; capacidad de comprenderlo y perdonarlo todo sin pedir de nadie más de pe que pueda dar.
Es también el reconocimiento del derecho de otro a pensar por sí mismo, sin la menor intervención ajena. Con esta actitud tolerante deberá él mirarlo todo desde dentro y comprender las aspiraciones, deseos y motivos ajenos; y aunque conozca que las ceremonias no son necesarias, deberá abstenerse de condenar a quienes todavía se aferran a ellas. Libre ya de toda superstición y fanatismo, deberá aprender a ser tolerante con toda forma de religión, con todas las variedades de costumbres, con todas las creencias y tradiciones de los hombres, sabiendo que todas son otras tantas presentaciones externas de la misma Verdad fundamental.

d).-Titikshá. Paciencia. Esta virtud se traduce también como alegría y buen humor, pues implica la disposición a soportar contentos y alegres cualquier situación que el karma pueda traer ya despedirse de cualquier bien y aún de toda cosa, mundanalmente, cuando fuere necesario. Pues el discípulo comprende que: "Ninguna cosa importa mucho, y la mayor parte de las cosas no importan nada", e, imperturbado por la alegría o la tristeza, conoce que: "Esto también pasará" y que "Cualquiera cosa que sea, es " mejor". Dándose cuenta de que todo lo que le advenga en forma de molestias de mente o de cuerpo, de familia o negocios, procede de su propia creación en el pasado, y que aquellos que le hacen daños no son más que los instrumentos de su propio karma, soporta todo no solamente con tal ausencia de resentimiento, sino con disposición absolutamente placentera. Sabe también que será de poca utilidad a su Maestro mientras su mal karma no haya sido elaborado por completo y así recibe alegremente cualquier aceleramiento de dicho karma, agotando ahora en una o dos vidas lo que de otra manera podría extenderse por más de cien, y pagando así en enormes dificultades y molestias lo que ahorra en tiempo.

e).-Shraddhá. Fe, confianza, o sea la profunda convicción íntima de su propia divinidad y por consiguiente de su poder de triunfar; la poderosa fe en su propia calidad divina, no realizada aun pero presentida; la perfecta confianza en su Maestro y en sí mismo. Sabiendo que: "A menos que haya perfecta confianza, no podrá existir el perfecto fluir de amor y de poder", él confía hasta el grado extremo en su Maestro que lo ha enseñado y lo ha guiado y que lo llevará a través del espinoso sendero hasta el umbral de la Iniciación; y por esa confianza en su propia divinidad cree que: "Lo que un hombre (hoy su Maestro) ha hecho, otro hombre (él) puede hacerlo".

f).-Samadhána. Equilibrio, compostura, quietud de la mente, serenidad no perturbable por tristezas ni por júbilos. Es la concentración de todo el ser en la labor que para el Maestro ha tomado a su cargo el discípulo; es ir en línea recta a lo largo del Sendero del cual no podrán apartarlo por un solo momento ni tentaciones, ni placeres o afectos mundanos.
IV.-Mumukshutva. Deseo de liberación (de la rueda de nacimientos y muertes) como lo llaman los Hindúes; Anuloma, (orden o sucesión directa) , como los Budistas la designan, pues su logro es la secuencia de las otras tres calificaciones. Es, en realidad, la voluntad de ser uno con el Supremo; y porque lo Supremo es Amor; y porque una persona que llegare a ser uno con El, debería estar plena de perfecto amor sin sombra de egoísmo, de un amor elevado de lo humano a lo Divino, el Maestro designa a esta cuarta cualidad como Amor y califica los tres vicios de murmuración, crueldad y superstición, como de pecados contra el Amor. No solamente debe el discípulo refrenarse de hacer el mal sino que habrá de ser activo en la práctica del bien y estar siempre vigilante para prestar servicios a todos los hombres, animales y plantas, al derredor suyo. Debe desear con ahínco ser uno con Dios, no para su provecho propio sino para que pueda ser un canal por donde pueda fluir Su amor y Su vida sobre los demás.

En esa temprana etapa no se espera un perfecto cumplimiento de todos estos requisitos y cualidades; pero cuando llega a adquirirlas el discípulo, ya poner la marca de ellas en su carácter, se le llama por los hindúes el "Adhikári", por los budistas el "Gotrabhú", (el que ya está presto para la Iniciación). "Solamente aquellas acciones a través de las cuales resplandece la luz de la Cruz, son dignas de la vida de un discípulo", dice un versículo de cierto libro de máximas ocultas; y esto significa que todo lo que haga un aspirante debería ser sugerido por aquel fervoroso amor que se sacrifica a sí mismo. Ha hollado él el Sendero Probatorio que conduce a la "Estrecha puerta" de la Iniciación, allende la cual se halla el "angosto y antiguo camino, la senda "tan difícil de hollar como el filo de una navaja de rasurar", el "Sendero de Santidad".

 


A continuación se dan extractos de algunos de esos mensajes, para la guía de aquellos jóvenes que quisieren seguir el mismo Sendero:



"Sé que vuestro único propósito en la vida es servir a la Fraternidad; con todo, no olvidéis que hay etapas superiores ante vos y que el progreso en el Sendero implica perenne vigilancia. No tan sólo debéis estar siempre listo para servir; sino que debéis estar al acecho de las oportunidades, es más, creando las oportunidades; ser útil en las cosas pequeñas a fin de que al llegar la grande ocasión no dejéis de percibirla.

"Jamás, ni por un momento olvidéis vuestra relación oculta; ella deberá ser una inspiración siempre presente para vos, - no tan sólo un escudo protector de los necios pensamientos que flotan a nuestro derredor, sino un estímulo constante para la actividad espiritual. La vaciedad y la mezquindad de la vida ordinaria deberían ser imposibles para vosotros, sin dejarlas allende vuestra comprensión y compasión.

"Cada uno deberá darse cuenta de que hay otros puntos de mira diferentes de los suyos y los cuales son también dignos de atención. Deberán desaparecer absolutamente toda vulgaridad o aspereza de lenguaje, toda tendencia a la argumentación; quien a ello se siente inclinado habrá de controlarse a sí mismo en cuanto surja el impulso; deberá hablar poco, y eso siempre con delicadeza y cortesía: Jamás hablar sin pensar primero si lo que va a decir es tan bondadoso como cuerdo".
"Deben ser rigurosamente excluidos los pensamientos y los sentimientos de clase indeseable; hay que exterminarlos hasta que sean imposibles para vos. Los brotes de irascibilidad agitan el quieto océano de la conciencia de la Fraternidad. Hay que eliminar el orgullo pues es un serio estorbo para el progreso; se requiere la exquisita delicadeza de pensamiento y de lenguaje, el raro aroma del tacto perfecto que jamás puede chocar ni ofender. Esto es difícil de lograr, empero podéis alcanzarlo si queréis.

"Vuestro propósito deberá ser un servicio definido y no una simple diversión; pensad no en lo que queréis hacer sino en lo qué podéis hacer en ayuda de alguien; olvidaos de vos mismo al considerar a los demás. Un discípulo debe ser consistentemente amable, complaciente, servicial, no de cuando en vez, sino en todo tiempo. Recordad que todo tiempo que no se empleare en el servicio (en capacitarse uno para el servicio) es, para nosotros, tiempo perdido.

"Cuando descubráis ciertos males en vos mismo, acabad con ellos viril y efectivamente. Perseverad y tendréis éxito, es cuestión de fuerza de voluntad. Estad atento a las oportunidades ya las sugestiones; sed eficiente. Siempre estoy dispuesto a ayudaros pero no puedo hacer el trabajo por vos; el esfuerzo debe proceder de vuestra parte, Tratad de depender de vos mismo en todo sentido y de llevar una vida de entera devoción al servicio.

"Os habéis portado bien, pero se necesita que hagáis algo mejor todavía. Os he puesto a prueba dándoos oportunidades de ayuda y hasta hoy las habéis aprovechado noblemente. Por consiguiente os daré otras y mayores oportunidades y vuestro progreso dependerá de que las reconozcáis y las aprovechéis. Recordad que la recompensa de una buena labor es siempre la perspectiva de mayor trabajo aun, y que la fidelidad en lo que os parezcan cosas pequeñas conduce a ocuparse de asuntos de mayor importancia. Confío en que pronto seréis atraído más cerca de Mí, y que, al hacerlo así, ayudaréis a vuestros hermanos a lo largo del Sendero que conduce a los pies del Rey. Agradeced que tenéis un gran poder de amor, que sabéis cómo inundar vuestro mundo de luz como la solar; cómo daros con prodigalidad real; cómo esparcir largueza a la manera de un rey; esto es bueno, sin duda, pero cuidad mucho de no olvidar que en el cáliz de esta gran flor de amor pueda haber un pequeño toque de orgullo el cual podría extenderse como lo hace una casi invisible manchita de podredumbre hasta que invade y corrompe toda la flor. Recordad lo que ha dicho nuestro gran Hermano: "Sed humildes si queréis
alcanzar la sabiduría; sed todavía más humildes después de haberla alcanzado". Cultivad aquella fragante y modesta planta, la humildad, hasta qué su dulce aroma impregne cada fibra de vuestro ser".

"Os doy la bienvenida como al más nuevo miembro de nuestras filas. No es fácil para vos olvidaros por completo de vos mismo, entregaros sin reserva al servicio del mundo; sin embargo, eso es lo que se requiere de nosotros, - que vivamos sólo para ser una bendición para los demás y para hacer la labor que nos es dado efectuar. Habéis tenido un buen principio en el proceso del propio desarrollo pero aún queda mucho por hacer.
Reprimid aún la menor sombra de irascibilidad y estad siempre listo para recibir consejo e instrucción; cultivad la humildad y el propio sacrificio y llenaos de un férvido entusiasmo por el servicio. Así os tornaréis en un adecuado instrumento en la mano del Gran Maestro, un buen soldado en las filas de Quienes salvan al mundo. Para ayudaros en eso, os tomo ahora como un discípulo a prueba".
 

 


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