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Capítulo IX

 

La evolución de la Vida

 

 

 

Toda evolución consiste, esencialmente, de una Vida evolucionante que pasa de una forma a otra a medida que evoluciona, y que almacena en sí las experiencias ganadas a través de estas formas hasta que el germen original de Vida llega a ser la imagen perfecta de Dios.



   La palabra “Evolución”, del verbo latino “Evolvere”, desenrollar, se usa para denotar el desarrollo de formas más y más elevadas procedentes de las inferiores. Según Herbert Spencer “Evolución es el paso de lo homogéneo a lo heterogéneo, de lo simple a lo complejo”. Como Darwin lo hizo notar, Toda la naturaleza se halla en estado de evolución, las formas inferiores dan lugar a las superiores, las simples a las más complejas, así como el capullo cede lugar a la flor y la flor al fruto.

   Pero la doctrina de la evolución no tuvo que esperar Hasta Darwin para que se le diera expresión; si bien él es merecedor al crédito de haberla propuesto científicamente. Ciencia y Religión están recapituladas en el dicho de aquel místico Persa: “Dios duerme en el mineral, sueña en el vegetal, despierta a la conciencia en el animal, a la auto-conciencia en el hombre, y despertará a la conciencia divina en el hombre ya perfecto”. Los que estén profundamente versados en las enseñanzas esotéricas de cualquier religión, pueden encontrar anticipaciones de muchas verdades que la ciencia moderna no ha descubierto aún; y si la ciencia hiciere causa común con la religión, el progreso de la humanidad se aceleraría grandemente.

  El aspecto más denso de la manifestación de la Vida Una, es el que se describe con el nombre de materia. Ahora bien, hay dos polos en la manifestación; el lado-forma, o sea el polo de la materia de una parte, y de la otra, el lado-Vida o sea el polo del espíritu. Hay dos aspectos opuestos de la Eterna Vida una, y el proceso de la evolución consiste en que aquella vida, se exteriorice en su aspecto dual, ocasionando la diversidad, y, cuando se ha llegado al límite de la diversidad, se introversa para reintegrar las diversas unidades separadas a una sola unidad poderosa y enriquecida. La Vida extroversa va en busca de la diversidad y puede decirse, por tanto, que tiende hacia el polo de la materia; la Vida introversa busca la Unidad y puede decirse, por consiguiente, que tiende hacia el polo del espíritu.

   La prueba de la evolución en sí radica en los detalles de la Embriología, ya que demuestra que todas las formas animales han pasado durante las etapas de su desarrollo a través de toda la gama de las especies inferiores. Al momento de la fertilización, el óvulo consta de una célula sencilla, la cual se multiplica rápidamente por división, y durante estas etapas subsiguientes de desarrollo es cuando primeramente aparecen las diferencias que, más tarde, ocasionan la producción de todas las innumerables variedades de formas. Pero un estudio del embrión de diferentes animales ha demostrado que todos ellos pasan en turno exactamente a través de las mismas etapas. Es decir, una comparación de los embriones del pez, del ave, del ternero, y del hombre revela el hecho de que son idénticas las etapas primitivas a través de las cuales pasaron todos, cesando de desarrollo ulterior, una tras otra, las formas inferiores y menos evolucionadas, desaparecieron, de la raza, por así decirlo, cuando alcanzaron el standard señalado, para su desarrollo, hasta que tan sólo el embrión humano subsiste para completar el curso. Esta Teoría de la Recapitulación, así llamada, significa que durante el curso de su desarrollo, cada animal da un epítome de su raza, demostrando pasó a paso todas; las etapas a través de las cuales han evolucionado las formas durante el transcurso de incontables edades.

   Puede, pues, definirse correctamente la evolución como el estudio de las formas evolucionantes, durante el despliegue, de la conciencia La ciencia estudia tan sólo, la forma evolucionante bajo la “Ley de Evolución”, pero la Teosofía estudia también el desarrollo de la Vida bajo la "Ley de Reencarnación", puesto que una Ley es la concominante necesaria de la otra, y ambas leyes son necesarias para una comprensión completa de la Vida.

   Por tanto, si bien la evolución, conforme la ciencia, es meramente la edificación consecutiva, de organismos más elevados, y complicados, estos, organismos en realidad implican la necesidad de expresar, con perfección más y más grande, la Vida Divina que está buscando manifestación en el Universo. El gran punto que debemos recordar aquí es que hay evolución no solamente de la forma sino también de la vida. De hecho, la evolución es, primordialmente, de la vida y no de la forma, por más que las formas también evolucionan y mejoran pero lo hacen principalmente a fin de ser vehículos convenientes para una vida más avanzada. En un esquema de evolución la Vida Divina se envuelve a. sí misma mas y más profundamente en la materia con el propósito de recibir, mediante ella ciertas vibraciones que no pueden afectar directamente a la Vida. Estas vibraciones o impactos del exterior, suscitan las correspondientes vibraciones dentro de la Vida, de tal manera que la Vida aprende a responder a ellas y, más tarde, a generarlas de dentro de sí misma, desarrollando por ese medio los poderes espirituales latentes en ella.

   Por tanto, toda evolución consiste, esencialmente, de una Vida evolucionante que pasa de una forma a otra a medida que evoluciona, y que almacena en sí las experiencias ganadas a través de estas formas hasta que el germen original de Vida llega a ser la imagen perfecta de Dios.

  

 

La fuerza motriz de la vida, las tres grandes emanaciones


   La fuerza motriz es la Vida que se envuelve a sí misma en la materia antes de que ésta desarrolle organismos complicados de toda clase, y su curso completo puede sintetizarse en dos etapas: el tomar gradualmente materia más y más densa, es decir, la involución; y desechar gradualmente los vehículos que antes tomó, es decir; Evolución. Pero para comprender esto es necesario el concepto de las Tres Grandes Emanaciones.

  La fuerza motriz es la Vida que se envuelve a sí misma en la materia antes de que ésta desarrolle organismos complicados de toda clase, y su curso completo puede sintetizarse en dos etapas: el tomar gradualmente materia más y más densa, es decir, la involución; y desechar gradualmente los vehículos que antes tomó, es decir; Evolución. Pero para comprender esto es necesario el concepto de las Tres Grandes Emanaciones.

  Los impulsos que construyen los siete mundos interpenetrantes con sus elementos, desde el océano de espacio interestelar, proceden del Tercer Logos, de Brahmá y se llaman la Primera Gran Emanación o sea la Primera Oleada o Vida.

   Actuando mediante su tercer Aspecto, El envía los impulsos sucesivos de, fuerza hacia la estupenda esfera que demarca el límite de su Campo de actividad. El primer impulso establece por toda la esfera un gran número de pequeños vórtices cada uno de los cuales atrae hacia sí 49 burbujas de energía y las arregla bajo cierta forma. Las agrupaciones de estas burbujas, así formadas son los átomos del segundo de los mundos interpenetrantes. No se aprovecha de esta manera el número total de burbujas, pues se dejan suficientes en estado disociado para que actúen corrió átomos en el primero o más elevado de estos mundos. A su debido tiempo viene otro impulso que capta aproximadamente todos estos átomos de 49 burbujas, dejando solamente los suficientes para suministrar átomos para el segundo mundo; los retrotrae hacia sí y después, repeliéndolos de nuevo, establece vórtices entre ellos, cada uno de los cuales contiene en sí 49 burbujas de fuerza elevadas al cuadrado, o sea, 2,401. Estas forman los átomos del tercer mundo. El próximo impulso en igual dirección capta casi todos, estos átomos de 2,401 -burbujas, los retrotrae hacia Su forma original y de nuevo los lanza hacia afuera como átomos del cuarto mundo, conteniendo cada átomo está vez 49 burbujas elevadas a la" tercera, o sean 49 multiplicado por 2,401.-Este proceso se repite para un átomo del plano quinto o mental qué tiene 49 burbujas elevadas a la cuarta potencia,' o sea 2401 'burbujas multiplicado por 2401; para un átomo del plano sexto o astral con 49 burbujas elevadas a la quinta potencia o sean 49x2401x2401;
y para un átomo del plano séptimo o físico con 49 burbujas elevadas a 6 sexta potencia o sea 2401x2401x2401, burbujas con un definido número de burbujas adicionales debido a la formación peculiar del átomo físico.

   Y así procede esta vasta Oleada de Vida, emanada del Logos, pulsando a través de todo el sistema solar y rompiéndose en innumerables fragmentos (como la suave corriente, precipitándose por una cascada, se rompe en millares de gotas separadas), a fin de convertirse en los Átomos-Vida que llamamos materia. No hay un solo átomo, una sola partícula de materia que no tenga en sí la Vida de Dios como su propia Vida. Nada hay que esté muerto. De consiguiente, lo que la ciencia llama materia es en realidad espíritu materia. Espíritu que se manifiesta; y de esta viviente materia están construidos los mundos. La Materia es el vehículo necesario de manifestación para el Espíritu; ninguno puede existir sin el otro y la Vida Divina llega a ser Espíritu tan sólo cuando anima a la materia.

   Cuando ya han sido creados los átomos de cada uno de los siete planos, entonces el Tercer Logos crea subplanos de cada plano. Los átomos de cada plano son atraídos hacia grupos de dos, tres, cuatro, 'etc., para formar los subplanos. El subplano primero o superior está 'compuesto de los mismos átomos simples, en tanto que el segundo, tercero, y otros subplanos inferiores están constituidos por combinaciones de estos átomos. Por lo cual el subplano superior del plano física está compuesto de átomos físicos simples, de dos variedades, el positivo y el negativo, y mediante las combinaciones de estos átomos se 'construyen los subplanos remanentes de aquel aplanó. En el curso de la construcción de los subplanos del mundo físico es cuando se producen los elementos químicos que constituyen los materiales básicos para la construcción de todas las formas físicas. De esta manera es como surgen a la existencia las subdivisiones ínfimas de cada plano, y el Divino Espíritu se va velando más y más en la materia durante su descenso.

  Después, en la materia así vivificada, desciende la Segunda Emanación de Vida procediendo del Segundo Aspecto de la Deidad, Vishnú, la cual, combinando los elementos, o agregados de átomos, en organismos, y animándolos, confiere características o cualidades a la materia, capacitándola para responder en diferentes modos a diversos estímulos del exterior, de tal suerte que una clase de átomo y sus agregados responden a los cambios de pensamiento, otra responde a los cambios de emoción y deseo, y así sucesivamente.

   Esta Segunda Oleada de Vida, que se llama la esencia monádica especialmente cuando ya está revestida de la materia atómica de los diversos planos, desciende a través de los planos superiores y llega al plano mental, en donde hace entrar a la materia de aquel plano (ya capaz de responder, por la naturaleza de sus átomos, a las vibraciones de los pensamientos siempre cambiantes) en combinaciones apropiadas para expresar pensamientos, pensamientos abstractos, en la materia más sutil y concretos en la materia más densa. De estas dos clases de materia mental, la superior y la inferior, son constituidos posteriormente los cuerpos causal y mental. En su calidad de primera y segunda esencia elemental, la Oleada construye en este plano los reinos primero y segundo elementales, respectivamente en sus niveles superior e inferior. Continuando hacia el plano astral, la Oleada de Vida forma en cada subplano las combinaciones apropiadas para expresar sensaciones (de cuya materia astral o materia prima del deseo, se fabrica posteriormente el cuerpo de deseos), construye en aquel plano él tercer reino elemental que se llama la tercera esencia elemental o la esencia elemental del mundo astral. En sus dos ulteriores etapas, en calidad de segunda y tercera esencia elemental, se halla muy íntimamente conectada con el hombre, ya que entra en gran manera en la composición de sus distintos vehículos, e influencia su pensamiento y sus acciones. Descendiendo, más, hacia el mundo físico, forma en cada, subplano las combinaciones, propias para constituir cuerpos físicos, (los futuros elementos químicos, según se denominan, en los tres subplanos inferiores); y construye en aquel plano el reino, mineral, que a veces se llama la mónada mineral; pero en el punto central, de aquella etapa cesa la presión impelente hacia abajo y es reemplazada por una tendencia hacia arriba; ha cesado entonces la Exhalación o. involución, comenzando la inhalación o evolución. Siendo la labor de la Segunda Oleada de, Vida formar combinaciones que expresen cualidades, se la denomina como el "dador de Cualidades" Los variantes poderes deseada átomo y sus agregados son impartidos por está Oleada de Vida en su influjo descendente hasta que alcanzar el punto inferior de su enorme círculo, es decir, la etapa media del reino mineral, comenzando entonces la Oleada de Vida a ascender, creando formas de la materia que ahora demuestra las cualidades que le fueron impartidas durante el influjo descendente. Esta materia, poseyendo ya cualidades, poderes de respuesta, es decir, de reajustes internos bajo el impacto de los estímulos, es atraída y agregada en formas, mineral, vegetal y animal, y ultimadamente formas del hombre animal. Es la energía del Segundo Logos la que, "animando la materia de los siete planos, la capacita para construir formas. Cada forma persiste solamente mientras la Vida del Segundo Logos mantiene a la materia en aquel contorno. Y aquí, por primera vez, aparece el fenómeno de nacimiento, crecimiento, decadencia y muerte; nace una forma porque la Vida del Segundo Logos tiene que llevar a cabo la labor de la evolución a través de aquella forma; crece mientras la obra se está efectuando; muestra signos de decadencia cuando el segundo Logos lentamente retira su vida de aquella forma; muere cuando por fin el Segundo Logos retiró ya toda la vida a fin de enviarla de nuevo para crear una forma mejor y más nueva,: que sea capaz de dar a la Vida las nuevas experiencias necesarias para su ^crecimiento ulterior, Y así la Segunda Oleada dé Vida da cualidades a la materia y después construye formas de aquella materia, a saber, los siete reinos de la naturaleza, es decir los tres reinos elementales; el mineral, el vegetal, el animal y el humano; Éste último reino recibe su forma tan sólo al principiar, y el ocupante real toma posesión de aquella casa únicamente cuando la Tercera Grande Emanación ha actuado sobre ella.

   Hay cinco esferas desde el mundo físico Hasta el Nirvánico, las cuales constituyen el campo de evolución. Más allá de ellas, en lo más elevado, el plano, Mahaparanírvánico (Divino) reside, en perfección de Su propia naturaleza el Señor del Sistema, ISHVARA, no manifestado. En el segundo plano brillan Sus Aspectos, poderes manifestados, los Logos de quienes proceden las Oleadas de Vida, Poderes que construyen la materia y crean las formas, y el Poder Regenerador del cual ha de proceder la Tercera Oleada de Vida.

   Residen allí también las semillas de la Divinidad, las Mónadas, emanaciones, que van a ser los espíritus humanos en el campo de la ilusión; y la tercera Oleada, de vida consta de estos espíritus humanos que son enviados para animar y utilizar los cuerpos preparados para ellos, mediante alargas edades de evolución, el lento ascender desde el mineral a la planta, de la planta al animal, del animal al animal-hombre. Adviene entonces el tiempo en que los espíritus humano-divinos, (las Mónadas), que habían estado esperando tiempo para su presentación, revolotean sobre las formas humanas que están siendo preparadas para ellas, si bien incapaces aún de guiarlas o, controlarlas. Estas constituyen la Tercera Grande Emanación, los fragmentos de la Divinidad animando las formas preparadas para su llegada y convirtiéndolas en tabernáculos dignos de Dios.

   Y así, la Primera Oleada de Vida procedió del Tercer Logos según la terminología Teosófica; del Brahmá Hinduista; del Espíritu Santo o Tercera Persona de la Trinidad Cristiana; formó los átomos animados por El, los combinó entre sí y construyó las numerosas agregaciones 'de los diferentes tipos .de átomos en elementos; es decir, construyó los siete grandes planos, con sus Subplanos, del sistema solar. La Segunda Oleada de Vida descendió del Segundo Logos, Vishnú, el Hijo, la Segunda Persona de la Trinidad Cristiana, dio características o cualidades a la materia y creó formas, en tanto que la Tercera, Oleada, de Vida procedió, del Primer Logos, Shiva o Mahádeva, el Liberador, el Padre, la Primera. Persona de la Trinidad Cristiana, y produjo los espíritus humanos para animar, las formas, Estas tres Grandes Oleadas, o corrientes de evolución son distinguibles en nuestra tierra en conexión con la humanidad. La construcción del material, la edificación de la Casa, y el crecimiento del ocupante de la Casa; o sea la evolución del espíritu-materia, la evolución de la forma, y la evolución de la auto-conciencia.

   Y así la Vida vertida se envolvió en la materia, y estos gérmenes de vida, estos millares de semillas, proceden todos de un “Ishvara" De estas semillas se educirán cualidades, y estas cualidades son poderes, pero poderes manifestados mediante la materia; y la evolución consiste en la educción de estos poderes. Por consiguiente podría sintetizarse la evolución en esta frase: "Las potencialidades latentes en proceso de ser poderes activos"
 


   Ahora, la Deidad, no exhibida es la que constituye el oculto poder motor y hace que la evolución sea, a la par, posible e inevitable; es la fuerza impelente hacia lo alto que sobrepasa cualquier obstáculo y que garantiza el triunfo final del hombre.

   En el reino mineral (en los metales, piedras, y lo que se cono-ce como materia inorgánica), la Vida, la Mónada de la forma, Atma-Budhi la emanada Vida del Logos, tiene la capacidad de responder, pero en una manera muy limitada debido en parte a su naturaleza germinal, y en parte a la rigidez el vehículo que la rodea. "Dios duerme en el mineral", y así la vida de Víshnu, al cernerse, modifica y suaviza la rigidez de su material y pone en actividad a la esencia interna mediante golpes y vibraciones, mediante impactos tremendos como los terremotos y los volcanes (esto es, el quebrantar y moler materiales en una escala gigantesca) hasta que se alcanza una etapa de plasticidad con una oposición muy disminuida de parte de la forma externa y con una respuesta más activa de parte de la vida interna; siendo entonces cuando surgen a la existencia los comienzos del reino vegetal.

 
   Después que la Vida en el mineral ha desarrollado el poder de responder a impactos del exterior, la siguiente etapa en la evolución, alcanzada en el reino vegetal, es que la respuesta asume la forma de sensación; el poder de responder al impacto externo por un sentimiento dentro de la vida; aparece la sensación cómo placer cuando la vida responde a impactos armoniosos de fuera, y como dolor cuando los impactos son discordantes.

   Llegamos después a la etapa que se manifiesta cuando la vida evoluciona a través del reino animal. El placer y el dolor se sienten ahora agudamente, pero, como aditamento, surge un germen de cognición que se llama percepción y que conecta los objetos y las sensaciones. La vida que entonces comienza a alborear desarrolla el poder de formar un eslabón entre el objeto que la impresiona y la sensación que responde a aquel objeto; y cuando conoce la vida un objeto como provocador de placer ó de dolor, esto es, cuando percibe el objeto, se despliega la facultad de percepción, o sea, el crear lazos entre los mundos externo e interno, y comienza un poder mental a germinar en aquel organismo, tal como lo encontramos en los animales superiores. Pero en todo el proceso, es la vida evolucionante la que lleva consigo la experiencia que ha obtenido por medio de cada forma ya usada, lo mismo que desde un reino inferior de la naturaleza á otro superior; del mineral al vegetal, y del reino vegetal al remo animal.

   Con el poder de moverse de un lugar a otro aumentan para los animales las oportunidades de acumular experiencia; ya que así pueden ponerse por si mismos en contacto con los objetos extremos, en lugar de tener que esperar, como el mineral y el vegetal, el acercamiento de tales objetos antes de responder a ellos. Con la lucha por la existencia (la tremenda competencia por la alimentación, que existe en la naturaleza); con el amor de los semejantes que aparece en el instinto maternal y paternal; el instinto de guiar (en el toro, por ejemplo) el instinto gregario; así como por las vicisitudes; por el cazar y ser cazado, desarrolla el animal astucia, previsión, poderes de propia defensa, bravura y otras altas cualidades que finalmente harán posible el advenimiento del hombre; si bien aún cuando el animal hombre aparece ya en la etapa de la vida falta todavía algo para llegar a la real hombría o condición humana.

   Pero el hombre no desciende del bruto, eso es tan sólo un fragmento de verdad vista: a medias y por lo mismo desfigurada. La materia de los vehículos inferiores del hombre ha sido preparada en previas edades evolución desde las etapas inferiores de los reinos elemental, mineral, vegetal y animal, a fin de poder ser utilizada para la forma humana.

   En ciclos previos evolucionaron ciertas formas que adecuadamente podrían ser descritas como algo semi-mono, semi-humano, las que jamás fueron ocupadas por el Triple-Yo y qué por consiguiente pertenecían al reino animal y no al humano. En el actual ciclo evolucionó la forma humana pasando rápidamente a través de las etapas inferiores en su camino hacia lo humano, como lo hace un feto en la vida prenatal, y por consiguiente ha estampado en sí las etapas por las cuales pasó. Y así se verá que el hombre no es meramente un desarrollo del animal, como se creyó por quienes aceptaron un punto de vista algo crudo respecto a la teoría de la evolución. La materia se hizo plástica en el animal, pero el hombre, que actúa en su forma es resultado de una elaboración superior, y el germen de su vida jamás podrá ser desarrollado mediante un animal. Se desarrolla tan solamente en el humano, que contiene más vida replegada dentro de sí, para que el germen pueda desenvolverse a lo largo de una línea de directo crecimiento humano. Es la Tercera Gran Emanación, la Tercera Oleada de Vida, la que hace descender a estos espíritus humanos que habían estado esperando tomar habitación en las formas preparadas para recibirlos, y para animar y utilizar estos cuerpos, según se explicó antes.

 
 

 Destino del animal o la planta después de la muerte


   Cuando muere un hombre o abandona su cuerpo físico, él, siendo de por sí un alma, permanece separado de las otras almas; pero cuando muere un animal, por ejemplo, un tigre, como no es todavía una alma permanentemente separada, aquello que formó su alma, después de un período de vida consciente en el mundo astral, se incorpora a la masa llamada alma-grupo, de la cual procedió y que suministró al-mas para muchos otros tigres. El verdadero animal no es el cuerpo, sino una vida invisible que actúa para la forma animal así como actúa el alma del hombre para el cuerpo humano. Esta vida invisible que energiza la forma animal se llama el alma-grupo. Esta alma-grupo está constituida por cierta cantidad definida de materia mental cargada con la energía del Logos; esta materia mental contiene una vida definida en el grado de evolución animal. Una alma-grupo animal fue en previos ciclos un alma-grupo vegetal y, en ciclos anteriores aún, un alma-grupo mineral, al grado de que cualquier alma-grupo animal está ya altamente especializada como resultado de sus experiencias en la materia vegetal y mineral.
 
 Cada alma-grupo tiene adscritos a sí cierto número de cuerpos, animales, digamos, cien cuerpos de tigres para una alma-grupo particular. Por consiguiente cada uno de estos cuerpos de tigre tiene un centésimo de alma-grupo ligado a si, y, al igual que el hombre, está por completo separado durante la vida física; pero aquel tigre no es una individualidad permanente, y, después de la muerte y de la breve vida astral que le sigue, su alma se sumerge de nuevo en su propia alma-grupo.

   Podemos comprender más fácilmente esto por una analogía. Imaginemos un gran recipiente conteniendo, cien vasos sumergidos en su agua; el agua representa toda el alma-grupo, y los cien vasos los cien tigres. Al sumergir cada vaso en el recipiente aquel tomará su capacidad de agua, la cual adoptará la forma del vaso, quedando temporalmente separada del agua remanente así como del agua de los otros vasos. Ahora bien, si se vierte alguna substancia colorante en cada vaso separado, esa representaría las cualidades desarrolladas por cada una de las almas-tigres durante su vida. La muerte del animal se re-presentaría por el acto de verter el agua del vaso en la cubeta. Pero, así como el colorante distribuido por toda el agua de la cubeta sería mucho más tenue qué si estuviera confinado a un solo vaso, las cualidades de un tigre son compartidas después de su muerte por todos los tigres del alma-grupo, si bien en grado inferior. Igualmente, ja-más podríamos extraer de la cubeta por segunda vez un vaso de agua idéntico, ya que cada vaso tomado de allí en lo futuro, contendrá trazas del colorante de todos los diferentes vasos de agua que en él se vertieron. De igual manera, ningún tigre puede renacer con la porción idéntica del alma-grupo, ya que las cualidades desarrolladas por un tigre separado llegan a ser propiedad común de todos los tigres que en lo futuro nacerán en aquella alma-grupo, si bien en grado menor que como existieron en el tigre original. Así es como aparecen lo instintos heredados, las experiencias continuamente repetidas, acumuladas en el alma-grupo, "experiencias hereditarias acumuladas" en las nuevas formas; y esto explica por qué un pato empollado por una gallina se echa al agua sin haber aprendido antes a nadar; por qué un pollo en 'cuanto sale del cascarón buscará refugio al percibir la sombra del gavilán; y por que un pájaro artificialmente incubado sabe la manera de fabricar su nido de acuerdo con las tradiciones de su especie, sin haber visto jamás uno.

   Por consiguiente la reencarnación es en realidad un proceso que afecta toda vida en todos los organismos, por más que generalmente se la considere como si afectase solamente a las almas humanas. La vida de la rosa que muere retoma a su subdivisión del alma-grupo de las rosáceas para encarnar después en otra rosa; el perrito que muere de rabia retoma a su alma-grupo de los caninos para reencarnar después como perrito de otra canada. En cuanto al hombre, la única diferencia es que siendo una conciencia individual, a su muerte no re-toma a ninguna alma-grupo, sino que reencarna con todas las facultades de sus previas vidas como posesión suya exclusiva sin compartirlas con otros individuos.

 
 
 

 Los siete rayos o tipos fundamentales



   Toda vida procede de Dios, pero procede de El a través de diferentes canales. Los Siete Espíritus ante el Trono del Señor", Sus Siete Grandes Ministros, son muchísimo más que simples servidores o mensajeros; son más bien las verdaderas manos de Dios, mediante las cuales trabaja El, son conductos de Su poder, parte de El Mismo. La Vida Divina se vierte mediante estos siete Ministros, y es coloreada por el canal a través del cual pasa; a lo largo de toda su dilatada evolución lleva consigo la marca de uno u otro de estos potentes espíritus; es siempre vida de aquel tipo y no de otro alguno, ya se encontrare en la etapa mineral, vegetal animal o humana de su desarrollo.

   Y así la Vida-Una, mucho antes de que comience su labor en la materia mineral, se diferencia a sí misma en siete grandes corrientes o tipos fundamentales de vida, llamados Rayos, cada uno de los cuales tiene sus propias características especiales e inmutables.

   De aquí se sigue que estos siete tipos se encuentran entre los hombres y que cada persona debe pertenecer a uno u otro de ellos. Siempre se han reconocido en la raza humana diferencias fundamentales de esta clase; hace un siglo se describía a los hombres como pertenecientes al tipo linfático o sanguíneo, vital, o flemático; y los astrólogos los clasifican bajo los nombres de los planetas, como Jupiterianos, o Marcianos, Venusinos o Saturaianos, etc. Pero hay un método mejor para establecer los diferencias básicas de disposición, debidas al canal por el cual acaeció a los hombres surgir, y las características principales o cualidades especiales de cada uno de los siete Rayos, pueden definirse respectivamente como:

1º Fuerza, Voluntad o Poder.
 2º Sabiduría
 3º Tacto o adaptabilidad.
 4º Belleza ó Armonía.
 5º Ciencia, (conocimiento detallado).
 6º Devoción.
 7º Servicio ordenado (Magia Ceremonial que invoca la ayuda angélica)
 


   En la Jerarquía Oculta los siete Rayos se distinguen claramente. El primer Rayo, o sea el del Gobierno, está regido por el Señor del Mundo; a la cabeza del Segundo Rayo se encuentra el Señor Buddha; y bajo Ellos vienen respectivamente, el Manú y el Bodhisattva de la raza raíz que estuviere predominando en el mundo en una época dada. El Maháchohán, de igual rango que éstos Dos, supervisa los otros cinco Rayos, cada uno de los cuáles, sin embargo, tiene también su propia Cabeza, al nivel de la Iniciación Chohán.

   Los Siete Rayos tienen su expresión correspondencias en los siete tonos de la escala musical, y en los Siete colores del espectro so-lar. Cada uno de estos rayos influencia al mundo a su turno. El Rayo Sexto, o sea él devocional, fue él que dominó durante la Edad Media; y al desvanecerse su poder hubo un período de falta de creencia, de irreligión y de profunda ignorancia del lado oculto de la vida. El Séptimo Rayo implica el estudio y él uso de las fuerzas ocultas de la Naturaleza, así como la cooperación inteligente con los Poderes que las rigen. Esta es la influencia que está alboreando actualmente sobre el mundo y por consiguiente el Séptimo Rayo está justamente ahora entrando en operación.
 
   Los Rayos cuarto y quinto son predominantemente positivos ó masculinos, y los tercero y sexto predominantemente negativos o femeninos; en tanto que el Rayo Segundo es dual, pero igualmente balanceado, el primer Rayo es dual pero con el aspecto masculino intensificado, y el Rayo séptimo es dual, pero con el aspecto femenino intensificado.

   Cada una de estas siete corrientes o Rayos se subdivide a su vez en siete modificaciones, llamadas subrayos. Estas cuarenta y nueve variantes de la corriente de la Vida-Una, siguen sus cuarenta y nueve distintos canales a través de todos los grandes reinos; y no hay mezcla de un tipo de vida con otro tipo.

   Las razas raíces

   Las Razas-raíces son gigantescas divisiones de la humanidad, como la Lemuriana, la Atlante y la Aria; en tanto que las subrazas son divisiones de éstas, integradas, empero, por muchas, generaciones de humanos. A su vez, las subrazas se dividen en Naciones, y en 1o que llamamos razas ramales. En la historia de un planeta hay ciclos recurrentes o sucesiones de eventos, (sombras, en nuestros bajos mundos, de sucesos en planos elevados), los cuales se siguen en orden definido, manifestando principios más bien que detalles; y que se repiten en el curso de la historia en escalas mayores o menores. Cada ciclo recurrente implica la formación y evolución de un nuevo tipo humano, personificando como sus características dominantes, una de las siete etapas de conciencia de nuestra humanidad: la, 2ª y 3ª, la Vitalidad, que se personifica en la materia etérea y densa, las etapas triple embriónicas y de nacimiento; 4ª, lo pasional (Kámico) elevándose hacia lo emocional; 5ª, lo mental (Manásico); 6ª, lo puramente racional (Búdhico); 7ª, lo espiritual (Átmico). La personificación de cada una de estas etapas se llama una raza-raíz, y hay 7 de ellas en la vida de un globo. Nuestros cuerpos físicos muestran dos subdivisiones, la densa y la etérea; las dos primeras razas las evolucionaron sin ser todavía definidamente físicas, en tanto que la tercera construyó hacia su etapa media, la forma humana con el astral inferior y el mental en germen. Todo lo que leemos en los libros acerca de Etnología se refiere al desarrollo de las razas raíces. Atlante y Aria, la 4ª y la 5ª; pero hubo otra que precedió a la Atlante y a la cual se ha dado el nombre de Lemuriana. Esta tercera raza-raíz tuvo que ver con d desarrollo del cuerpo físico. La raza Atlante que siguió, tuvo que ver con el desarrollo de cuerpo astral o emocional. La gran raza Aria, a la cual pertenece la mayoría de la población de Europa, de la India y de América, tiene que ver principalmente con el cuerpo mental, lo que llamamos mente.

   Así, pues, una raza raíz es un gran tipo, de acuerdo con el cual sé hallan evolucionando los pueblos más conspicuos del mundo. Dentro de cada raza-raíz existen siete subdivisiones o subrazas, cada una de las cuáles representa, de manera incompleta o imperfecta, las características que la correspondiente raza-raíz debe exhibir en su perfección. Siendo el objetivo último de la evolución humana la producción del hombre perfecto en todos sentidos, tal evolución procede de esta manera regular. Una raza personifica los gérmenes de varias cualidades especiales, en tanto que una subraza desarrolla especialmente uno de ellos, dominando a las otras cualidades, que son necesarias en el hombre, y separadas para tal propósito. Y así son requeridas todas las razas raíces y su-brazas, y cada una de ellas tiene su lugar en la humanidad, finalmente perfecta, que habrá de evolucionar en nuestro globo.

   Cada una de estas grandes razas predomina en el mundo por millones de años, pero ellas surgen a la existencia de tal manera que una comienza antes que la otra haya terminado, y si bien la raza Aria rige ahora en casi todo el mundo, hay sin embargo gran número de seres que claramente pertenecen a la raza Atlante, y algunos pocos (los más atrasados de los salvajes) que retienen fuertes trazas de sangre Lemuriana. La quinta raza-raíz, o sea la Aria, como un Todo, si bien ha existido en el mundo desde hace 60,000 años, no se halla todavía en su apogeo y tiene aún mucho tiempo por delante, probablemente un millón de años o algo así.
 


   El comienzo de una raza-raíz venidera tiene lugar en la subraza de su propio número en la raza reinante. Y así, la quinta raza-raíz surgió de la quinta subraza de la cuarta raza-raíz, y la sexta raza-raíz surgirá de la sexta subraza de la quinta raza-raíz. Nos encontramos ahora en la incipiente etapa de un ciclo recurrente que se repite por la sexta vez. La tercera raza-raíz, la Lemuriana, y la cuarta, la Atlante, nos precedieron con mucho; y el pequeño ciclo de la sexta subraza, de la quinta raza-raíz o sea la, Aria, de cuya subraza surgirá la sexta raza-raíz, se encuentra, ya en los primeros pasos de su crecimiento en Australia, Nueva Zelandia, .y los Estados Unidos de América.

   Todos nosotros, los actuales seres humanos de esta cadena de globos, deberemos llegar al Adeptado hacia el final de la séptima ronda de nuestra Cadena y salir por completo de este esquema de evolución, por alguno de los siete senderos que se extienden ante el Adepto, en tanto que lo que hoy es nuestro reino animal tendrá que alcanzar la individualización al final de esta cadena, y por consiguiente estar preparado para suministrar la humanidad de la próxima cadena o sea la quinta de nuestro esquema terrestre.
 
   Sabemos, sin embargo, que dos quintas partes de nuestra humanidad serán descartadas en el período critico, a la mitad de la quinta ronda, el Día del Juicio.
 


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