Encuentro OTS 2010

 

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VIAJE A LISBOA


Fernando Pérez Martín
Fotografía Antonio Pérez Bueno

 

 
     Durante los días 24, 25 y 26 de Junio de este año 2005, tres miembros de la Sociedad Teosófica, el matrimonio compuesto por Antonio Pérez Bueno y su esposa Maribel Gil Jiménez de la Rama Samadhi de Alicante y quien estas líneas escribe, decidimos, por fortuna, realizar una visita de fin de semana a la preciosa ciudad de Lisboa.

     Esta acción, en sí misma, no tiene nada de especialmente teosófico, como es natural, pero sí que lo tiene cuanto relato, de forma resumida, seguidamente.

     Antes de salir de nuestro país nos hicimos la idea de visitar diversos lugares de la ciudad que yo ya conocía y que, por tanto, sugerí a mis compañeros de viaje. Entre los sitios que pensábamos visitar, se encontraba la sede de la Sociedad Teosófica en Portugal en la rua Passos Manoel, y también hacer dos visitas de índole personal, pero también relacionadas con la Sociedad Teosófica.

     Queda en segundo plano la descripción de lo visitado como turistas en la bella capital de Portugal, ya que ello no tendría cabida, o tendría muy poca, en esta página web, y sólo se hace referencia a lo experimentado desde el punto de vista teosófico.

     A este respecto, lo primero que hicimos fue visitar la sede de la Sociedad Teosófica, donde, después de llamar dos veces a la puerta, nos fue franqueada la entrada por Manuel, quien junto a su esposa Ana María, se ocupan del mantenimiento y la conservación del local, y el que nada más verme, me dijo con una mezcla de sorpresa y alegría; ¡Fernando, tú aquí!, con lo que recibimos la primera expresión fraterna del viaje. Hacía unos 23 años o más que no nos veíamos. Las oficinas y salas del local resuman historia y están impregnadas de unas muy buenas vibraciones que se notan nada más que entrar.

     Ana María y Manuel mostraron y explicaron en qué consisten cada una de las dependencias del local a mis dos acompañantes, yo ya había estado allí, que estaban encantados. Ana María con su cerrado acento portugués y su rapidez al hablar, nos explicó varias cosas y hechos acaecidos en el pasado más o menos reciente, de lo que pudimos entender algo así como la mitad de lo que peroró, pero ello no fue óbice para poder captar el sentido fraternal que tanto ella como Manuel nos transmitieron.

     Tras abandonar este lugar, nos dirigimos, no sin alguna dificultad, al domicilio de María Guillermina Mota Carmo, quien fue Secretaria General o Presienta de la Sociedad Teosófica en ese país y con quien me una amistad de casi 30 años. Guillermina nos recibió con cariño y alegría, como es habitual en ella, y no se dejó impresionar por la sorpresa de vernos en su domicilio, pues no nos esperaba. Nos atendió con la simpatía y seriedad características en ella. Hablamos un buen rato de varios asuntos y se decidió por llamar por teléfono a su hija María Isabel Nobre Santos con quien quedamos para vernos al día siguiente para comer juntos.


     En efecto, más o menos a las 13,30 Isabel y su simpático esposo José Antonio, nos recogieron en su coche y nos condujeron a su domicilio donde nos ofrecieron un quasi banquete vegetariano, al término del cual, el matrimonio luso nos ofreció un recital de canciones portuguesas tan bonitas, melodiosas y, casi siempre, llenas de ‘saudade’. Incluyo una fotografía del final de esta reunión,

     El matrimonio nos condujo a Belem, donde se encuentran los Jerónimos, interesante monumento religioso, y el monumento a los libertadores. Pero antes de dejarnos a nuestro albedrío, nos llevaron a un establecimiento muy conocido por los turistas, en el que fabrican una especie de rosquillas o buñuelos fritos rellenos muy sabrosos.

     Todo este relato tiene por objeto poner de manifiesto, para mí una vez más, el sentido de la fraternidad que subyace en todo acto teosófico, porque acto teosófico no es solamente ciertas celebraciones propias de la Sociedad o las reuniones de las Ramas, sino que cuando dos miembros o más se encuentran, se pone de manifiesto el acto teosófico, porque entonces florece la fraternidad, en mayor o menos escala, pero siempre sucede. Que las personas a las que acabo de referirme se comportaran conmigo como lo hicieron es algo natural por la larga amistad que existe entre nosotros, pero que lo hicieran igualmente con mis acompañantes, a los que no conocían, o conocían muy poco, es una muestra de la preponderancia de la fraternidad en la Sociedad Teosófica.

     Esto es cuanto estas líneas pretenden resaltar, la fraternidad, la alegría, la sinceridad y la unicidad de ideales que deben ponerse de manifiesto cuando nos encontramos los miembros de la Sociedad Teosófica, sea cual sea nuestra nacionalidad.


     Jul. ‘05

 

 

La aventura de Lisboa

Antonio Pérez Bueno

 
     Hay veces que las aventuras surgen solas y uno las sigue cuando no es arrastrado por ellas.

     Son cosas de la espontaneidad. Esa espontaneidad que llega amparada y sumergida en las cálidas palabras de los hechos cotidianos, pues así fue como sobrevino la idea del viaje a Lisboa: que alguien vio algo en un anuncio, y que ese algo le clavó a favor de armónicos presagios como un aguijón que le atrajo hasta embeberse del aroma que traen los aires de los lances. — Nos dijo, le dijimos y fuimos y nos proyectamos ávidamente preparados al señuelo del viaje más allá del pabilo ronroneo de las quimeras.

     Tal que así subimos al tren de la vida. Ese que nos lleva hacia el norte sin abandonar las vías para llegar al océano donde se funden los sueños del Tajo, alojados sobre las alas de un ave de plata. Entretanto, se produjeron reencuentros de Almas viajeras, otrora coincidentes en sendas a caballo entre mundos afectos.

     Durante este viaje, como en todos los viajes, se entrecruzaron miradas. Despertaron pensamientos sutiles aun sin vocablos acunantes y expectantes al amanecer de sus horas, por si un acaso ya estuviesen marcadas. Fue entonces donde fuimos peregrinos de lo fraterno que nos alojó en la alegría del encuentro entre hermanos.

     Una mañana nos levantamos y partimos hacia Lisboa para revelarnos al fin, los lazos del corazón.
 

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