Capítulo 7 – La vida después de la muerte

Saber, es como caminar a plena luz; y comprender las leyes de la naturaleza es adquirir el poder de acelerar nuestra evolución, aprovechándonos de aquellas Leyes que apresuran nuestro crecimiento y evitando la acción de aquellas otras que lo retardarían.

 

El temor a la muerte está inspirado no tanto por la expectación definida de algo terrorífico, sino por un confuso sentimiento de lo incierto, por el horror a un abismo de ociosidad. … El hecho de que el hombre, después de la muerte, no se da cuenta inmediatamente de sus errores, y que, debido a su falta de capacidad para corregirlos a la luz de la verdad, frecuentemente habrá de sufrir mucho. El hombre ordinario, carente de conocimientos, está ligado en el astral por el “elemental deseo”, (del cual pronto se hablará) no comprende las posibilidades de la vida después de la muerte, y pierde así muchas oportunidades de servicio y de progreso.

 

 

Si bien las leyes de la naturaleza nos están llevando siempre consigo, sepámoslo o no, sin embargo, si lo sabemos, podemos cooperar con ellas con gran ventaja de nuestra parte. Esto no podríamos hacerlo estando en las tinieblas de la ignorancia. Saber, es como caminar a plena luz; y comprender las leyes de la naturaleza es adquirir el poder de acelerar nuestra evolución, aprovechándonos de aquellas Leyes que apresuran nuestro crecimiento y evitando la acción de aquellas otras que lo retardarían.
…Con el conocimiento de la existencia allende la muerte, un hombre se da cuenta de la verdadera proporción que existe entre el fragmento físico de la vida y el resto de ella, por lo cual no pierde su tiempo en trabajar solamente para el período físico, que es como la décima o la vigésima parte de toda una vida entre dos encarnaciones. Igualmente, cuando el hombre llega a lo que se llama el mundo astral, después de la muerte, no se siente alarmado, puesto que comprende las condiciones de su ambiente y sabe cuál es la mejor manera de trabajar en ellas, y así, lo hace con valor y confianza.
Aún el hombre que hubiere escuchado las verdades teosóficas tan sólo en una conferencia, al encontrarse en el mundo del más allá de la muerte, se dará cuenta de la exactitud general de las enseñanzas, y tratara de recordar las recomendaciones que escuchó acerca de la conducta que debe seguirse, y, teniendo por lo menos un punto de contacto con lo conocido, puede evitarse mucho del malestar, turbación y temor que sienten otros que se hallan en completa ignorancia. Pero la mayor de las ventajas de tal conocimiento es que él se sienta con suficiente fortaleza para tender una mano de ayuda a otros y generar así buen karma para él.

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