Capítulo 8.1 – Efectos del pensamiento

En términos generales pueden dividirse en dos grupos: Los efectos producidos sobre el hombre mismo y los producidos fuera del hombre.

Los efectos producidos sobre el mismo hombre son: Primero, el efecto sobre el propio cuerpo mental, es decir, el hábito de repetir fácilmente un pensamiento particular; y segundo, los efectos producidos sobre los otros dos vehículos, los cuerpos astral y causal que, en grado de densidad, están, respectivamente, bajo y sobre el cuerpo mental; es decir, un resultado temporal sobre sus emociones y un resultado permanente en la construcción de cualidades en el Ego.
Los efectos fuera del hombre son la producción de una vibración irradiante y de una forma flotante.

El efecto sobre el cuerpo mental del hombre es que establece un hábito en él, porque el pensamiento tiende a repetirse. Si bien existen diferentes tipos de materia en el cuerpo mental, cada uno con su propio tipo especial de vibración al cual responde rápidamente, un pensamiento poderoso pone bajo el mismo tipo de oscilación a la materia de todo el cuerpo; y si un hombre acostumbra su cuerpo mental a cierto tipo de vibración, tal cuerpo aprende a re-producirlo fácilmente y adquiere la costumbre de repetir prontamente aquel pensamiento particular. Por otra parte, una mente ocupada por ciertos pensamientos, actúa, como un imán, atrayendo pensamientos similares de los demás e intensificando el efecto original. Por ejemplo, si pensara siempre en un pensamiento noble, una persona establecería un centro de atracción hacia el cuál convergerían de por. sí otros pensamientos nobles, atraídos por afinidad magnética, y su mente sería ayudada y fortalecida por estos pensamientos que afluyen del exterior, ganando él así más de lo que da.

En segundo lugar tenemos los efectos sobre los cuerpos astral y causal. La perturbación en un tipo de materia física se comunica a otro tipo, más denso o más fino; por ejemplo, el viento perturba la superficie del mar y un terremoto produce una grande ola en el océano. De igual modo, una perturbación en la materia tosca del cuerpo astral, esto es, una emoción, puede causar ondulaciones en la materia más fina del cuerpo mental, a saber, un pensamiento correspondiente a la emoción; y viceversa, un movimiento en el cuerpo mental puede afectar la materia más densa del astral, un pensamiento que provoque una emoción. Y así podía un hombre, recapacitan-do sobre lo que él considere una ofensa, encenderse fácilmente en cólera; si bien, alimentando pensamientos de calma, podría evitar tal cólera.

Igualmente, el cuerpo mental actuará también sobre el causal que es más fino, manera en la cual los pensamientos habituales construyen cualidades en el mismo Ego. Como ya se explicó , al hablar de Karma, el pensamiento construye el carácter. Las cualidades que forman el carácter de la personalidad, es decir, el carácter que es moldeado por cada una de sus personalidades en tomo, mediante el entrenamiento y las circunstancias que le rodean, carácter que se muestra en el cuerpo mental, son absorbidas en d cuerpo causal y se convierten en el carácter persistente del individuo; y el hombre retoma a la tierra con estas cualidades como su capital disponible para una nueva vida.

Y así, considerando los efectos sobre el hombre mismo, vemos que en primer lugar el pensamiento tiende a repetirse y a constituir un hábito; y en segundo lugar, que actúa sobre el mismo hombre no tan sólo temporalmente en sus emociones, sino también permanentemente en su carácter. Al tratar de las formas de pensamiento. se verá otro resultado más sobre el hombre, de sus pensamientos con-centrados en sí.

El pensamiento en sí aparece primeramente, ante la visión clarividente, como una vibración en el cuerpo mental y puede ser simple o compleja. Si es puramente intelectual, como por ejemplo, si el hombre pensare en una cuestión filosófica o en resolver un problema de matemáticas, la vibración resultante quedaría confinada al mundo mental; si el pensamiento fuere de naturaleza espiritual, si estuviere teñido de amor, aspiración o sentimiento inegoísta, se elevara a los reinos del Mental superior, o, más aún, hasta el plano Búdico, y podrá ser excesivamente glorioso y poderoso. Pero la mayoría de los pensamientos humanos, de ninguna manera son sencillos. Existe el afecto absolutamente puro, pero muy a menudo lo encontramos teñido de orgullo o egoísmo, de celos o de pasiones animales; y así, cuando un pensamiento está manchado por deseos personales, sus vibraciones tienden hacia abajo y la mayor parte de su fuerza se gasta en el mundo astral.

Existiendo, pues, por lo menos dos vibraciones separadas, una en el cuerpo mental y la otra en el astral, la vibración irradiante será muy compleja, en tanto que la forma de pensamiento mostrará varios colores en lugar de uno solamente.

Por tanto, el primer efecto del pensamiento, externo al hombre, es una vibración radiante (simple o compleja de acuerdo con la naturaleza del pensamiento) en el océano de materia mental tan sólo, o en ambos cuerpos, el mental y el astral, como la ondulación producida por una piedra arrojada a un estanque. Estas ondulaciones, actuando sobre sus respectivos niveles como las vibraciones de luz o de sonido en el mundo físico, irradian en todas direcciones y llegan a ser menos poderosas a medida que se alejan de su fuente. Las radiaciones de pensamiento afectan no tan sólo al océano de materia mental circundante, sino también a otros cuerpos mentales que se mueven en él. Las vibraciones de una nota cualquiera sonada en un piano, son llevadas a través del aire y ponen en, juego la nota correspondiente en otro plano que estuviere afinado exactamente al mismo tono. De igual manera, siendo trasmitida una vibración de pensamiento en un cuerpo mental mediante la materia mental, tiende a reproducirse en otro cuerpo mental, es decir, produce en otra mente un pensamiento del mismo tipo que aquél de la mente del pensador qué emitió la vibración; en otras palabras, se puede decir que el pensamiento es «infeccioso».

La fuerza de la radiación se vierte principalmente sobre alguno de los cuatro niveles del mundo mental inferior; pero estando los pensamientos de un hombre centralizados en su mayor parte alrededor de sí, son ondulaciones de la subdivisión inferior del mundo mental y, a causa de que su cuerpo mental está todavía sin desarrollar, las porciones superiores de aquel cuerpo se hallan aún por completo dormidas.

La distancia recorrida por tal onda y la fuerza y persistencia con la cual repercute sobre los cuerpos mentales de otros, dependen de la fuerza y claridad del pensamiento original, ya que el pensador se encuentra en la misma posición que un orador que pone en movimiento ondas de sonidos en el aire que irradian en todas direcciones y transmiten su mensaje: la distancia a la cual puede llegar su voz depende de la fuerza y claridad de su enunciación. Y así, un pensamiento poderoso llegará mucho más lejos que uno débil e indeciso, pero la ‘claridad y precisión con de mayor importancia aún que la fuerza. Igualmente, como una voz que cayese sobre oídos sordos, una fuerte onda de pensamiento puede pasar sin afectar la mente de un hombre que ya estuviese ocupada en otra línea de pensamiento.

Esta vibración radiante transmite el carácter del pensamiento, pero no su asunto, y es extremadamente adaptable. Puede reproducirse exactamente si encuentra un asunto que responda fácilmente a ella en todos sentidos. De otra manera produce un efecto decidido sobre líneas ampliamente semejantes a las suyas. Las vibraciones devocionales que broten de un hindú en éxtasis de adoración hacía Shri-Krishna, repercutiendo sobre el cuerpo mental o astral de otro correligionario, harán surgir en éste un pensamiento o un sentimiento idénticos al original; pero si las mismas vibraciones repercuten sobre un Mahometano o sobre un Cristiano, podrá suscitar en ellos el sentimiento de devoción hacia Alá o hacia el Cristo, respectivamente; y aun si tocaron el cuerpo mental de un materialista que ninguna idea tuviere de devoción, .producirían, sin embargo, un efecto exultante al excitar la parte superior de su cuerpo mental hacia cierta clase de actividad, si bien no podrían crear un tipo de vibración ajeno por completo al hombre. Y así, un hombre cuyo pensar siga líneas nobles y elevadas, está haciendo obra de misionero, si bien podrá ser por completo inconsciente de ello.

Por el contrario, si un hombre pensare de otro con odio o malicia, irradiará una onda tendiente a provocar pasiones similares en otros; y aunque su sentimiento de odio por alguien pueda ‘ser ignorado por aquellos otros, al grado de ser imposible que lo compartan, empero, la radiación hará surgir en ellos una emoción de la misma naturaleza hacia un hombre enteramente distinto. Y por esa causa podrán ellos llegar hasta cometer un asesinato en ti ardor de la pasión; pero el primer hombre que irradió la onda, la que suministró fuerza al golpe asesino, tendrá que compartir el karma del homicidio como uno de los que originaron tal pasión.

El segundo efecto del pensamiento, externo al hombre, es la creación de una forma mental definida y flotante.

Los cuerpos mental y astral tienen que ver principalmente con la aparición de las formas de pensamiento. Cada pensamiento produce las respectivas vibraciones en la materia del cuerpo mental, acompañadas de un maravilloso juego de colores; y el cuerpo, bajo este impulso, despide una vibrante porción de si mismo, conformada por la naturaleza de las vibraciones. Esta porción reúne en torno a si materia similar de la esencia elemental mental que nos rodea en todas direcciones, produciendo una forma de pensamiento de un solo color si el pensamiento es sencillo. Pero cuando la energía del hombre fluye al exterior, hacia los objetos externo de deseo, o se ocupa en actividades pasionales o emocionales, esta energía trabaja no el la materia mental sino en la materia más tosca del cuerpo astral o de deseos. Y así, cuando están excitadas las pasiones de un hombre o cuando lo invade una oleada de emoción, su cuerpo astral entra en una agitación violenta, con varios colores característico irradiando a través de él. Entonces el cuerpo astral da origen a una segunda clase de entidades, similares en su constitución a la simple forma de pensamiento, pero limitada al plano astral, y causadas por la actividad de Káma Manas, o sea, la mente dominada por el deseo. Este cuerpo, al vibrar, despide una porción de sí mismo, conformada con la anterior, por la naturaleza de las vibraciones, y esto atrae hacia él algo de la esencia elemental del mundo astral. Tal «forma-pensamiento» tiene, como cuerpo, esta esencia elemental y como alma es deseo o pasión que la irradió, en tanto que su fuerza será proporcional a la cantidad de energía mental combinada con el deseo o la pasión. Las formas mentales de esta segunda clase son, con mucho, las más comunes, ya que muy pocos pensamientos de personas ordinarias están libres del deseo, pasión o emoción.

La esencia mental en conexión con aquella vida semi-inteligente que nos rodea en todas direcciones, no se halla diferenciada en formas estables o persistentes. La materia de los mundos astral y mental, independientemente de un alma que hace de ella su vehículo, se encuentra animada por esta esencia elemental, una clase peculiar de vida, que es delicadamente sensitiva, plena de vitalidad y no individualizada. El efecto producido en las partículas de agua en un vaso, al pasar por ellas una corriente eléctrica, podría dar una débil idea de la vitalidad y energía de los grados de materia mental y astral, a medida que la esencia elemental de los tipos I, II y III la afecta y la vivifica. Esta materia vivificada está, por así decirlo, en un «estado crítico», presta a «precipitarse» en formas de pensamiento al momento que la afecte una vibración de pensamiento emitida por la mente de un pensador. Y así responde fácilmente a la influencia de pensamientos y sentimientos humanos, revistiéndose cada pensamiento. o impulso, de un vehículo temporal de esta materia vitalizada. Tal pensamiento o impulso se convierte temporalmente en una criatura viviente, siendo el alma la fuerza pensamiento y el cuerpo la materia vivificada, y se la conoce como una «forma de pensamiento» o un elemental artificial. Una forma de pensamiento es una entidad viviente, con una vigorosa tendencia a llevar a cabo la intención del pensador, pero ni es autoconsciente ni capaz de experimentar placer o dolor. Existe una infinita variedad en el color y apariencia de tales formas de pensamiento, pues cada pensamiento atrae hacia sí la materia que le es adecuada para su expresión, y hace vibrar aquella materia en armonía con la suya propia. Según el tipo y la calidad del pensamiento, será la forma mental creada en la esencia elemental, mental o astral. Estas formas de pensamiento son pasajeras, o bien duran por horas, meses o años; de ahí que se les clasifique entre los habitantes de los mundos invisibles bajo el nombre de «elementales». Hay .cuatro principios generales que regulan la producción de todas las formas de pensamiento:

1.- La calidad o carácter del pensamiento determina su color.
2.- La naturaleza del pensamiento determina la forma.
3.- Lo definido del pensamiento determina la precisión o claridad del contorno.
4.-La firmeza y fuerza del pensamiento determinan su duración y tamaño.

Los colores indican el carácter del pensamiento y están de acuerdo con los que existen en los cuerpos sutiles.

La labor de una forma de pensamiento es mucho más limitada pero más precisa que la de una ondulación radiante. La forma no puede alcanzar a tantas personas, de hecho no puede actuar sobre alguna persona a menos que ésta tenga en sí algo que estuviere en armonía con la energía que anima tal forma; pero, cuando actúa, produce en el cuerpo mental que influencia, no meramente un pensamiento de naturaleza similar sino el mismo pensamiento actualizado. Una radiación puede afectar a millares haciendo surgir en ellos pensamientos del mismo nivel que el original; sin embargo, podría suceder que ninguno fuera idéntico al pensamiento original; pero una forma de pensamiento, si bien puede afectar tan sólo a unos pocos, re-produce exactamente la idea que le dio origen.

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