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Capítulo VI

El Karma

 



1. LA LEY DEL KARMA

Karma significa, literalmente, acción. La acción es la forma externa de un pensamiento y un deseo, y, en el propio instante de cumplirse ese deseo, da nacimiento a un nuevo pensamiento y deseo, formando los tres un círculo perennemente renovado. La relación de estos tres, como “acción” y los interminables entrelazamientos de tales acciones como causas y efectos, se hallan todos incluidos en la palabra KARMA, que es una sucesión de hechos reconocida en la Naturaleza, es decir, una Ley. Por los cuales, Karma se llama la Ley de Causación o Ley de Causa y Efecto; es la Ley de una fuerza y de los resultados por ella producidos. Esta fuerza puede actuar en el plano físico o mundo del movimiento, en el astral o mundo del sentimiento, y en el mental o mundo del pensamiento.

Aspirar, soñar, planear, pensar, sentir, actuar, todo esto significa poner en movimiento fuerzas de los tres mundos; y, de acuerdo con el uso hecho por el hombre de tales fuerzas, crea buen karma o mal karma, al ayudar o perjudicar a otros. Puesto que es él una unidad en una humanidad de millones de individuos, y no una individualidad aislada, cada pensamiento, o sentimiento, o acción suya, afecta a sus semejantes en proporción a la proximidad de cada uno a él como distribuidor de fuerza. Cada vez que hace uso de tales fuerzas, ya sea para auxiliar o para dañar al todo, del cual es una parte, le trae un resultado, esto es, una reacción resultante de su acción sobre los demás.

Debemos comprender que la Ley del Karma no es una regulación artificial establecida por alguna autoridad externa, sino que se trata de una ley natural, no establece penas ni condenas, sino que establece sólo una invariable secuela de condiciones; dada cierta condición, invariablemente seguirá tal otra condición; y la consecuencia jamás varía. A la primera condición se le llama CAUSA, a la segunda el EFECTO.

No tiene una ley natural carácter alguno de mandato; nos deja en libertad para elegir, pero señala tales o cuales resultados que inevitablemente sucederán como consecuencia de nuestra elección; y sea cualquiera la condición que hubiéramos elegido, debemos aceptarla con su inevitable secuela. Esta ley es invariable; y la invariabilidad de la ley no ata, libera. La ciencia demuestra que el conocimiento es condición de libertad, y que solamente en la medida de su conocimiento puede el hombre alcanzar predominio: la naturaleza se conquista por la obediencia. Lo que un hombre cosecha, eso sembró en el pasado.

En la materia tan fina de los mundos superiores, la reacción de ninguna manera es instantánea, a menudo transcurren largos períodos de tiempo, pero se presentará inevitable y exactamente.



2. CÓMO LLEGAR A SER EL DUEÑO DE SU PROPIO DESTINO –

    LOS TRES HILOS DE LA CUERDA DEL DESTINO.

Hay tres leyes subsidiarias de la Ley General de Karma; y para modelar nuestro propio futuro se requiere un conocimiento del método de aplicación de ellas. Los “tres hilos de la cuerda del destino” son:

1. El pensamiento crea el carácter,

El carácter de un hombre es la totalidad de sus cualidades morales y mentales. “Hombre” significa “El Pensador”, por tanto, tal y como un hombre piensa, así es.

La razón de estos hechos es que cuando la mente se ocupa de un pensamiento particular, se establece en la materia un tipo definido de vibración, y, mientras mayor sea la frecuencia con que se origina esta vibración, adquirirá mayor tendencia a repetirse automáticamente en la materia del cuerpo mental, hasta que llega a constituir un hábito.

Para crear un hábito de pensamiento, deberá el hombre elegir una cualidad deseable (una virtud, una emoción), y pensar entonces persistentemente en ella. Deberá meditar deliberadamente en ella todas las mañanas por algunos minutos, y persistir en aquella creación mental hasta que se forme un hábito y se haya creado la virtud dentro de su propio carácter, lo cual se efectúa especialmente cuando pone él en práctica el pensamiento en su vida diaria. En vidas anteriores creó el carácter con que nació en esta vida, y ahora está creando el carácter con el cual morirá, y con el que renacerá; y el carácter es la parte más importante del karma. Las aspiraciones elevadas de una vida, florecen como capacidades en la siguiente; y una voluntad decidida de servicio inegoísta, tiene como resultado la espiritualidad.

2. El deseo crea las oportunidades y atrae los objetos,

La voluntad es la energía del YO, una concentración interior que impulsa a la acción. Cuando tal energía es atraída por objetos exteriores que nos acarrean placer o sufrimiento, se la llama DESEO. Entre el deseo y el objeto deseado hay un lazo magnético, y nuestro deseo atrae hacia nosotros lo que deseamos, así como el imán atrae y retiene el acero dulce. Puede haber obstáculos o dificultades, pero inevitablemente aquel deseo se cumplirá, a veces en la misma vida, a veces en alguna de las posteriores.

El deseo lo dirige a uno hacia el lugar donde puede obtenerse el objeto deseado, y ésta es una de las causas que determinan el lugar de nuestra nueva reencarnación. Vemos, pues, cómo el deseo une al que desea y a lo deseado, es decir, crea las oportunidades y acerca lo objetos.

Por tanto deberíamos ser muy cuidadosos respecto a lo que deseamos, y deberíamos asimismo poner a prueba el valor del objeto deseado, pues inevitablemente vendrá a nosotros más tarde y podría entonces parecernos como cenizas en la boca.

3. La acción crea las condiciones del medio ambiente.

Las acciones son resultado de nuestros anteriores pensamientos y deseos, y el karma de la mayor parte de ellas queda agotado cuando se ejecutan, si bien nos afectan indirectamente porque dan origen a nuevos pensamientos y deseos. La labor de este “hilo” introduce en nuestro destino felicidad externa o desgracia externa. En la medida que un hombre hubiere hecho físicamente dichosas o físicamente infelices a otras personas, cosechará karmicamente, de su acción, circunstancias físicas favorables o desfavorables, que le aportarán felicidad o sufrimiento físico.

Por consiguiente, la reacción de nuestros pensamientos sobre nosotros mismos es la adquisición de carácter y de facultades; la reacción de nuestros deseos sobre nosotros mismos es la consecución de oportunidades, de objetos y de poder; la reacción de nuestras actividades sobre nosotros mismos es nuestro medio ambiente, las condiciones y circunstancias, los amigos y enemigos que nos rodean. Traemos con nosotros al nacer, dos partes de nuestro Karma: nuestro carácter mental y nuestro carácter emocional, y nacemos en la tercera parte, o sea nuestro medio ambiente, incluyendo nuestro cuerpo físico. Y así el hombre es el creador y modelador de su futuro, el “arquitecto de su propio destino”.

3. KARMA Y EL FATALISMO.

La Ley de Karma es como toda otra ley de la Naturaleza: ata al ignorante y da poder al sabio; no es una fuerza compelente, sino habilitante; y establece que, si bien estamos ligados por lo que ya hemos hecho en el pasado, podemos, en cualquier momento, modificar y modelar el futuro por la elección que hagamos; y que el esfuerzo diligente en el ahora es superior al destino o a los resultados de nuestro pasado.
Nuestro Karma es de naturaleza mixta, no una corriente que nos arrolla, sino algo constituido por pequeñas corrientes que van en diferentes direcciones, neutralizándose a veces unas a otras, con un resultado neto extremadamente pequeño. Y así, como en la balanza del Karma no están todos los pesos en un solo platillo, y como se encuentran tales pesos casi balanceados, la presión de un dedo puede hacer oscilar la escala; y aunque algunos de nuestros antiguos pensamientos, deseos y acciones estén de parte nuestra y otros en contra nuestra, por el esfuerzo actual que hagamos, podemos inclinar la balanza hacia el lado que queramos y conquistar así nuestro pasado. Debemos aspirar a cosas algo mayores que las que creemos poder efectuar, y la fuerza kármica adquirida en el pasado vendrá en nuestra ayuda; y aunque fracasemos, el poder que desarrollemos pasa al repositorio de nuestras fuerzas; y así el fracaso de hoy es la victoria de mañana.

4. LO INEVITABLE Y EL LIBRE ALBEDRÍO.

Tan sólo el Uno se halla absolutamente libre. El hombre es relativamente libre dentro de limitaciones que él mismo se ha impuesto; y si bien es impotente para detener la marcha de la evolución, sí puede trabajar él a favor o en contra de esta Ley evolutiva , apresurando o retardando su propio progreso dentro de ciertos límites, según su voluntad. Por el ejercicio de su libre albedrío se ha creado necesidades para sí; por la repetición de acciones bajo la guía de su propia voluntad se ha creado costumbres, ambas son, o llegan a ser, limitaciones.

A través del pensamiento, del deseo y de la acción, el hombre se encuentra encadenado desde el interior por estos tres hilos del destino, de los que ya hemos hablado; pero entre todas estas ligaduras internas o externas, él permanece siendo la divinidad libre; puede ejercitar su libre albedrío a pesar de que al hacerlo se encuentre impedido por las cadenas internas que él, voluntariamente, ha asumido con la idea de experimentar los fenómenos de los planos densos así como por las ligaduras externas que él ha forjado en sus luchas con la más densa materia.

Todas nuestras circunstancias son el resultado de nuestro karma, el cual crea necesidades para nosotros, pero, a pesar de hallarnos limitados por estas cadenas que nos impusimos, podemos modelar el futuro, y si bien no nos es posible trascender súbitamente los límites, si podemos extenderlos gradualmente, hasta que adquirimos para nosotros mismos una libertad prácticamente ilimitada en dirección hacia el bien. La ignorancia es la causa del encadenamiento, al paso que el conocimiento nos trae la liberación y el libre albedrío, ya que mediante la sabiduría es como el hombre se conoce como uno con la Divina Vida, y actúa cono un agente libre y responsable en armonía con la Divina Voluntad.

5. CÓMO LLEGAR A MOLDEAR EL PROPIO KARMA

En primer lugar deberíamos examinar los “tres hilos del destino” ya explicados. Inspeccionar cuidadosamente nuestro Haber, sus facultades y cualidades innatas, ya sean buenas o malas, sus poderes y debilidades, sus oportunidades presentes y su actual medio ambiente. Entonces deberíamos seleccionar las cualidades que conviene fortalecer y ponernos manos a la obra para modificar nuestro carácter, considerando las cualidades, una por una y utilizando el poder mental para adquirirlas, sin pensar jamás en las debilidades, sino en las potencias correspondientes; y así, pensando en aquello que deseamos ser, gradualmente, pero de manera inevitable bajo el funcionamiento de la Ley, llegaremos a ser lo que realmente queremos ser.

Si cometemos errores, podemos modificarlos poniendo en juego fuerzas neutralizadoras. Y así, al enviar un fuerte pensamiento de amor inmediatamente después de haber cometido el error de emitir un pensamiento de odio, podrá contrarrestarse lo que de otra manera hubiera sido el inevitable efecto del odio, ya que “el odio sólo cesa por el amor”.

En segundo lugar, la naturaleza del deseo no puede ser cambiada por el deseo, sino por medio del pensamiento, creando formas mentales de la oportunidad que desea y fijar su voluntad en tales formas. Si una persona sufre el vicio de la gula y la glotonería, deberá pensar en los desastrosos efectos de tal vicio para que, refrenando así el deseo, pueda nacer dentro de sí, el disgusto por tal vicio.

El medio ambiente es lo más difícil de cambiar, puesto que se trata de las más densas formas de la materia, pero deberíamos de tratar de cambiar aquellas cosas de nuestro ambiente que puedan ser capaces de ser cambias mediante un tenaz esfuerzo de nuestro voluntad, aceptando aquello que no puede ser cambiado como una oportunidad única de aprendizaje para poder adquirir virtudes como la paciencia, la fortaleza, la compasión y el perdón hacia todos aquellos que nos rodean. Así, laborando bajo el libre albedrío y la necesidad, podremos modelar nuestro karma y crear nuestro futuro destino.



 

 
 

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